Perú

Puno y Lago Titicaca

 

Lo primero que hicimos al llegar a la terminal de autobuses de Puno fue comprar una tarjeta para el móvil. Lo hemos hecho en todos los países. Es muy barato y te puede salvar en muchas ocasiones – mirar horarios y precios de bus, buscar alojamiento…-. En todos lados hay wifi, pero no siempre funciona bien. Sacamos dinero en un cajero de la terminal (siempre sacar el máximo para pagar menos comisiones) y compramos los billeres de bus para Arequipa, para dos días después (Tour Perú – 30b/persona en semi cama). De allí salimos en dirección a casa de Rebelhino, nuestro primer anfitrión de Couchsurfing en Perú tras el fracaso en Bolivia. ¡Ya lo echábamos de menos!. Al llegar a casa de Rebelhino alucinamos: Rebelhino tiene un hostal y no nos estaba ofreciendo el sofá o una cama de su casa, nos ofrecía una habitación doble en su hostal con baño privado y uso de la cocina y sala común. O sea, como si hubieramos reservado una habitación en su hotal, pero sin cobrarnos. ¡Hay ángeles en Perú!. Así que si estáis en Puno, no dudéis en alojaros en Casa Aymara. El hostal es muy nuevo, está súper limpio y tiene agua caliente 24h. 

Dejamos las mochilas y fuimos paseando al centro de Puno dond se encuentran las agencias de turismo para ir al lago Titicaca. 

La verdad es que el centro de Puno nos sorprendió. Habíamos leído en blogs que no valía mucho la pena, pero descubirmos una bonita plaza con una imponente iglesia. Tiene una calle principal con muchos restaurantes y mucho ambiente. Sí que es verdad que quizás no es para quedarse dos días, pero hacer una tarde y noche puede estar bien. Puno es la frontera entre los Aymara – tribus pre incas que vivían mayoritariamente en Bolivia, norte de Chile y Argentina – y los Quechua, que venían de los Incas. 

Contratamos el tour de 2 días y 1 noche a Uros, Amantani y Taquile con Titicaca Travel. Nos costó 100b/persona e incluye transporte, alojamiento en Amantani con una familia y 4 comidas. 

Los precios oscilaban entre los 85b y los 130b. Elegimos Titicaca Travel porque leímos miy buenas opiniones sobre ellos en internet y su precio estaba en la media (aunque al principio nos pedían 110b/persona).

Por la noche, aprovechamos para cocinar algo para cenar, llevábamos demasiados días comiendo fuera. 

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El minibus del tour nos recogió a la mañana siguiente en la puerta del Hostal Aymara a las 8h. Nos dirigimos al puerto donde compramos un poco de provisiones para los dos días (agua, algunas galletas y un regalito para nuestra familia acogedora en Amantani), subimos al bote y empezamos a navegar por el Titcaca, que nos llevaría a los Uros. Los Uros son islas flotantes construidas “artificialmente” por sus habitantes. Están hechas con raíces y hojas de totora y tienen que ser reconstruidas y/o rellenadas cada 3 meses. Hay más de 100 Uros en el lago Titicaca (Titi significa puma y Caca significa piedra o gris – dicen que el lago tiene forma de puma si lo miras desde el aire). El sistema de visitas a los Uros es un sistema rotativo, ya que hay más de 100 y todas ellas tienen derecho a recibir ingresos a través del turismo. Llegamos al Uro Kontiki donde el guía, junto con algunos habitantes locales, nos explicaron cómo se construyen los Uros, cómo es la vida en los Uros y a qué se dedican allí. Principalmente se dedican a la pesca y recolección de huevos de aves para su alimentación, y sus ingresos vienen a través del turismo y las artesanías que elaboran y venden a los turistas. El guía también nos explicó que muchos jóvenes abandonan los Uros para poder estudiar una carrera y profesionalizarse. Una vez que se marchan a tierra firme, ya no vuelven. En los Uros hay una escuela primaria, pero no hay escuela secundaria, así que ese es el primer momento en que los adolescentes abandonan los Uros. En los Uros, aún hablan Aymara, ya que están en la “frontera étnica”.

 

Tras las explicaciones, pudimos visitar las casas y hablar con los habitantes. Las casas tienen solamente una cama y nada más. Cocinan fuera de las casas ya que las hojas de totora son muy inflamables. Compramos un par de artesanías a la chica que nos había enseñado su casa y estubimos un rato jugando con un par de niñas que había allí – todos son bilingues, aymara y español -.

Después nos dieron un paseo en una de las embarcaciones tradicionales también construidas con hojas de totora. Con esta embarcación llegamos a otro Uro, donde nos pusieron un sello del lago Titicaca en el pasaporte. De allí subimos a nuestro bote y navegamos durante 3 horas hasta Amantani, donde conoceríamos a las familias que nos iban a alojar. En Amantani viven 3.000 personas divididas en 10 comunidades y se rotan los turistas como en los Uros. Llegamos al muelle alrededor de las 14h y allí estaban las 4 mujeres, las cabeza de cada una de las familias que nos iban a alojar, vestidas con su indumentaria tradicional (cada comunidad tiene un color diferente representado en el color de la falda de las mujeres). Nuestra anfitriona se llamaba Cristina y era de la Comunidad Occopampa – falda verde – y vivia con su pareja, Felix, quien normalmente trabajaba en Lima, pero ahora estaba de vacaciones y estaba en casa. Cristina nos llevó a la casa y nos enseñó nuestra habitación doble, bien limpia y pulida. La casa estaba hecha con bloques de adobe pero las paredes estaban enyesadas por dentro y pintadas. Tenía un suelo de madera y luz – a base de placas solares – pero no había enchufes. No tenían aparatos eléctricos. El baño también estaba muy bien y limpio, peor ya nos habían advertido que en la isla no hay agua corriente, así que para “tirar de la cadena” había que tirar un cubo lleno de agua, recogen el agua de la lluvia. También nos habían informado que no había ducha. 

Cristina nos preparó la comida, de primero una sopa de quinoa con verduras y de segundo un plato con 4 tipos de patatas diferentes, un poco de ensalada y queso a la plancha. Todas las verduras y la quinoa eran cultivadas por ellos mismos. Estaba todo buenísimo. Tomamos una infusión de muña, una planta de la isla. Después de comer Tolo se ofreció a lavar los platos, en un barreño y con agua de lluvia. Felix nos explicó que el turismo es su fuente principal de ingresos ya que en la isla no hay trabajo, razón por la cual él tiene que ir a trabajar a Lima, igual que los jóvenes, que ya no vuelven. 

Después de comer nos reunimos con el resto del grupo del tour en la cancha de futbol de la comunidad y empezamos una caminata hacia los dos templos que hay en ese lado de la isla, el templo de Pachatata (que simboliza el cielo y los astros) y el de la Pachamama (la madre tierra). El primer trozo del camino lo hicimos todos juntos con nuestro guía – por cierto, un tipo genial – seguimos subiendo solos, a nuestro ritmo, primero hacia el templo de la Pachatata. Las vistas de la isla son fantásticas desde allí y se ven perfectamente los balcones por toda la isla. El sistema de balcones es un sistema de conrreo común en todo el Perú, un sistema eficiente que hace que el agua sobrante del balcón superior vaya al inferior y así succesivamente. También facilita que el sol llegue q todo el conrreo. Este sistema fue implantado por la cultura Tiwanako (pre incas).

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El guía nos explicó un ritual que trataba de dar 3 vueltas alrededor del templo de Pachatata en el sentido contrario de las agujas del reloj – es decir, en la dirección del sol – y pedir un deseo en cada vuelta. Pero los deseos no pueden ser para tí, sino que tiene que ser para terceras personas. Así lo hicimos. 

Fuimos descendiendo y ascendiendo de nuevo hacia el templo de la Pachamama, que está 20m más alto que Pachatata. Es así porque la mama se considera la más imporante en esta cultura, ya que es la única capaz de procrear. Las vistas des de la Pachamama son muy diferentes pero igualmente impresionantes ya que se puede observar la parte de detrás de la isla junto con la inmensidad del lago Titicaca, el lago navegable más grande del mundo y segundo lago más grande de Latinoamerica (si pusieran la isla de Puerto Rico en el Titicaca, seguiría siendo una isla, el lago es más grande). Os recomendamos sentaros en una piedra, observar el Titicaca y escuchar el silencio. Nada más. 

Después de un buen rato allí, empezamos a bajar hasta el punto donde nos encontramos con Félix, que nos acompañó a casa para cenar. Cristina había preparado sopa con fideos y patata y de segundo arroz con pasta y patata. Después, un mate de muña. 

 

Tras la cena, Cristina nos prestó unos trajes tradicionales y nos fuimos a una pequeña fiesta que se organiza en la sala comunal para los turistas. Había una banda de música folklorica y todo el mundo iba vestido con trajes tradicionales. Bailamos un poco y nos fuimos para casa a descansar. 

A la mañana siguiente, Cristina picó a nuestra puerta a las 6:30h de la mañana. Había estado lloviendo toda la noche y no parecía que fuera a parar. Para desayunar tomamos café solo y un panqueque con mermelada y mantequilla. Al parecer, la organización es la que estipula el menú y todas las casas cocinan lo mismo para los turistas. Cristina nos acompañó hasta el puerto donde nos encontramos con el resto del grupo y cogimos de nuevo el bote para ir a la última isla, Taquile. 

De camino a Taquile no paró de llover y el bote se movió muchísimo. En principio, la excursión de Taquile se trata de un trekking de unos 50 min en subida hasta llegar a la plaza del pueblo y luego unos 20 mn en bajada hasta el restaurante. Richard, nuestro guía, nos dió la opción de hacer el trekking o de ir hasta el restaurante con el bote, ya que seguía lloviendo mucho. Decidimos ponernos los chubasqueros y hacer el trekking, sin embargo, cuando salimos fuera nos dimos cuenta de que no solamente llovía, sino que también hacía muchísimo frío. Así que volvimos a entrar al bote y continuar con el grupo, no era buen momento para coger un resfriado. 

Llegamos al restaurante unos 20 min más tarde, donde nos sirvieron una taza de mate de muña para calentarnos mientras nos explicaban las tradiciones de la isla y los trajes convencionales, muy parecidos a los de los catalanes y baleares ya que el “descubridor” de la isla fue un catalán – según el guía, un mallorquín según internet. 

 

La comida estubo buenísima, de primero una sopa de verduras muy sabrosa y de segundo trucha del lago a la plancha (tortilla de verduras para los vegetarianos). 

Después de comer volvimos a subir al bote y hacia Puno. La verdad es que fue una lástima no poder visitar Taquile, pero las condiciones lo hicieron imposible, y es algo que no se puede controlar. 

La verdad es que este tour se puede considerar una turistada, y lo es, pero la verdad es que no es un turisteo muy forzado. Nadie intenta venderte nada y nada se ve muy forzado. Y al final, es de lo único que puede vivir la gente que vive en las islas, del turisteo. 

Una vez en Puno, nos fuimos a la búsqueda y captura de un paquete de café Tunki, para mi amigo Max. El café Tunki ha sido premiado como el mejor café ecológico del mundo y se produce en el sur de Perú, exactamente en Sandía. 

Pasamos por el mercado a comprar unos filetes y un poco de verdura para cenar y nos hicimos con un hígado de ternera, un brócoli y un mango. 

Volvimos al hostal de Rebelhino, quien nos dejó tomar una ducha y usar la cocina para cenar antes de marcharnos hacia la estación de autobuses. 

A las 22:30 cogimos el bus hacia Arequipa (30 soles en semi cama). 

Arequipa

 

Llegamos a Arequipa a las 5:30 de la mañana desde Puno. Era demasiado pronto para ir a buscar un hostal así que desayunamos en la terminal (recordad – bolsa de la comida básica) y hacia las 6:30 cogimos el bus hacia el centro. Fuimos directos a un hostal que habíamos visto en hostelworld.com que tenía buenas valoraciones para ver si tenían disponibilidad y así fue. El hostal se llama Friendly AQP (20pen/persona en habitación compartida) y está situado a unos 15 min del centro de Arequipa. Está todo muy limpio, el personal es muy amable, hay agua caliente y sirven un buen desayuno, sin embargo, el wifi va fatal. Ayudaría que la persona de la recepción no tuviera YouTube encendido todo el día o que no viera partidos de futbol por internet… En fin, en el hostal tenían publicidad de un Free Walking Tour que empezaba desde el centro a las 10:30h, así que nos pusimos a dormir un rato en la sala común y luego nos fuimos por allá. El tour se llama “Free walking tour downtown Arequipa” y empieza desde una cafetería – donde te dan la bienvenida con un té de cacao – situada en uno de los laterales de la catedral. Con el tour andamos por el centro de la cuidad, visitamos la Plaza de Armas con su imponente catedral construida de manera paralela a la plaza, no en perpendicular como la gran mayoría de ellas. Así, parece más grande y imponente. Paseamos por el centro contemplando otras iglesias y la arquitectura colonial de los edificios. No fue un tour muy largo pero nos sirvió para familiarizarnos con el centro. 

 

Después del tour fuimos a un lugar muy recomendable. Habíamos leído muy buenas opiniones sobre el lugar y la verdad es que nos sorprendió con creces. Se llama La Nueva Palomino (La Palomino, el local antiguo, está cerrado. El nuevo esta justo al lado) es una picantería que sirve comida tradicional peruana. El precio es más elevado que el de un menú corriente, pero vale cada centavo. Como entrante y para compartir pedimos una Ocopa a batán (30 soles). Es un plato bastante sencillo pero con una salsa exquisita. De segundo vino el festín, pedimos el Especial Picantero (69 pesos) , un plato degustación de todas las especialidades arequipeñas: rocoto relleno, pstel de papa, estofado de cogote de res, panceta de lechón, arroz, soltero de queso, chicharrón de cerdo, rodaja de choclo y queso. Una delicia. Como véis, solamente pedimos un entrante y un segundo para compartir, pero os podemos asegurar que tendréis más que de sobras. De hecho, nosotros no nos lo pudimos terminar. Para beber pedimos dos tipos de chicha. La chicha es la bebida sin alcholo más tradicional del perú. Se elabora con maíz de grano morado, el cual se hierve en abundante agua con clavo, canela, manzana o cáscara de piña. Es un refresco no fermentado que se bebe en todo el país, casi en lugar del agua. En La Nueva Palomino prbamos dos chichas diferentes: chicha morada – la más tradicional – y chicha de guiñapo, que es la chicha emblema de Arequipa. Elaborada con maíz negro empoyado, germinado y molido, llamado Guiñapo. Tiene un sabor un poco más fuerte que la chicha morada, debido a la fermentación. Salimos de allí llenos, pero con la sensación que habíamos comido extremadamente bien. 

Desde allí volvimos caminando al hostal con intención de descansar tras la noche de viaje y la comida de compesación. Pasamos la tarde en el hostal avanzando ruta y escribiendo un poco. 

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Los siguientes días decidimos tomárnoslo con calma. Llevabamos muchos días de arriba a abajo, cambiando de lugar muy frecuentemente y sentimos que teníamos que descansar. En el hostal en el que nos quedamos servían un buen desayuno (crepes recién hechos con plátano) y la ciudad era bonita así que era un buen lugar para recargar pilas. 

Paseamos por el centro y fuimos a comer al mercado, donde comimos por primera vez un ceviche peruano acompañado de rocoto relleno. Creo que son las dos cosas más buenas que hemos provado en Perú. De postre, unos alfajores arequipeños para terminar con dulce. 

En la iglesia de Arequipa se encuentran dos cosas curiosas: un monio tallado en madera a “tamaño real” y un organo centenario. El demonio llama la atención ya que nunca antes habíamos visto la representación del demonio en una iglesia, y menos aún del mismo tamaño que un Cristo. En cuanto al órgano, se trata del segundo órgano más antiguo del mundo (el primero está en Bélgica, y éste también es belga) y el más antiguo del continente americano. Tiene un tamaño impresionante, es muy grande. El órgano solamente se toca los sábados a las 17h durante unos 15 min, así que si estáis por Arequipa un sábado, acercaros a verlo. Es gratuito y tiene un sonido muy bonito. 

 

Después del mini concierto fuimos a la cafeteria/chocolateria donde habíamos empezado el tour guiado el día anterior ya que Tolo, por haber acertado una pregunta del guía, se había ganado un chocolate gratis. Allí pedimos nuestro chocolate, un té chai y un trozo de Red Velvet, la tarta favorita de Gisela. También hacen unos brownies con una pinta espectacular, pero ¡ojo! los hacen con chocolate amargo y no tienen nada de dulce. Si os guata el brownie clásico, éste es muy diferente. Veréis que por toda la ciudad hay puestos callejeros que venden “helado de queso”, pues bien, no es de queso. Se trata de un helado de vainilla con canela, azucar y clavo. No conseguimos averiguar el origen de su nombre. 

Al día siguiente fuimos a visitar el Monasterio de Santa Catalina. Os aconsejamos ir pronto, hacia las 10am ya que hacia el medio día se llena muchísimo. El Monasterio es como una pequeña ciudad dentro de Arequipa y es uno de sus atractivos principales. Fue fundado en 1579, a menos de 40 años de la llegada de los españoles a Arequipa. Desde su inicio, fue un monasterio totalmente femenino y de clausura, donde mujeres de diversos estratos sociales ingresaron para servir como monjas de clausura y nunca más regresar a sus hogares (ni después de muertas, ya que las enterraban en el cementerio del Monasterio). 

El Monasterio tiene una arquitectura con tendencias y elementos muy españoles – las calles tienen nombres de ciudades españolas, pero solamente con fines turísticos- , con murallas altas y gruesas, tiene calles blancas, rojas, azules,…la verdad es que esestéticamente muy bonito. Incluso llama la atención la iglesia del monasterio, ya que tiene una cúpila que recuerda mucho a una mezquita. En su interior hay casas de las monjas, lavandería, cocinas, todas las “comodidades” para la vida de las beatas. Recomendamos coger un tour guiado para que os expliquen todas las curiosidades del lugar. En la antiguedad el Monasterio tenía capacidad para 200 monjas, aunque actualmente solamente hay 20. El Monasterio fue abierto parcialmente al público con fines turísticos en 1970, tras ser restaurado por los daños causados por terremotos en 1958 y 1960. 

 

Trasla visita fuimos a tomar un café a Kaffe Haus, una pequeña cafetería donde tuestan su propio café. El propietario, un peruano casado con una alemana (de ahí el nombre) recibe el grano de café verde de diferentes puntos de la selva peruana y él mismo lo tuesta y lo muele en su local. El resultado es un café denso y con un sabor muy intenso. Solo apto para buenos cafeteros. También venden café en grano para llevar. El resto del tiempo lo pasamos paseando, visitando tiendas de artesanía y poco más. 

Algunos datos sobre Arequipa:

La ciudad de Arequipa es la capital de la provincia y departamento del mismo nombre , y está ubicada al sur del Perú, en las faldas de la cordillera occidental de los Andes. Es el punto principal de los tours que van a visitar el cañón del Colca, el cual dicen que es bastante impresionante. Nosotros no fuimos, ya que como visitaremos el del Colorado, nos han dicho que no vale la pena ya que el Colorado nos impresionará mucho más. En nuestro caso, es una cuestión de presupuesto y tiempo, pero si estáis allí y podeis, no dudéis en ir a visitarlo. En la ciudad también hay un montón de museos a visitar.

Para ir a Cuzco, cogimos un bus nocturno desde la terminal terrestre. Salimos hacia las 22:30 de la noche.

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Cuzco

 

Llegamos a Cuzco a primera hora de la mañana y lo primero que hicimos fue desayunar en un pequeña parada fuera de la estación, dos bocatas y café nos costó unos 8 soles. Después de desayunar tomamos el bus, por 1 sol cada uno, hasta Plaza de Armas donde empezamos a buscar alojamiento. Después de buscar durante un rato encontramos una habitación doble con baño privado por 25 . El sitio no estaba muy limpio pero era lo más barato por la zona.

Después de instalarnos fuimos a pasear por Cusco y como queríamos hacer un tour por el Amazonas empezamos a buscar opciones de tours. Hay dos opciones: ir a Puerto Maldonado o a Manu. Para ir a Manu lo más barato era un tour por 400 euros por cuatro días, de los cuales dos días se pasaban en el bus viajando. Nos pareció carísimo pagar 40 euros por dos días en la selva. La otra opción era ir hasta Puerto Maldonado, el problema es que estaba muy lejos y no nos daba tiempo ya que teníamos que estar el día 6 en Lima y la única manera era ir en avión desde Puerto Maldonado lo que incrementaba el precio. Al ver que viajar a la selva era muy caro decidimos dejarlo y pasar u os días de descanso en Cusco. También aprovechamos y miramos opciones para ir a Machupichu. Existen diferentes maneras de llegar a Machu Picchu:

  • La cara: ir en tren hasta aguas calientes (también llamado Machu Pichu pueblo). Puede salir por unos 60 euros la ida y 60 la vuelta. Después hay que sumarle el bus hasta Machu Pichu y la entrada.
  • Menos cara: ir en tren hasta Hidroeléctrica por unos 40 euros el viaje y desde allí andar dos horas y media hasta Aguas Calientes.
  • Barata: tomar un bus hasta santa maría y de allí tomar otro bus hasta Hidroeléctrica para caminar dos horas y media hasta Aguas Calientes. Cuesta unos 15 euros en total y se tarda unas 9h en total. Esta opción también se puede hacer contratando una compañía turística y en temporada baja os puede salir por el mismo precio, aunque en temporada alta hemos leído que sale más caro.

 

Después de mirarlo bien nos decidimos por ir en bus hasta Hidroeléctrica y desde allí andar hasta Aguas Calientes. Como al día siguiente teníamos que madrugar nos fuimos pronto a la cama.

A las 6 sonó el despertador,  nos preparamos y dejamos las mochilas grandes 

en el hotel para dirigirnos a Machu Pichu. Nos dirigimos a la estación de Santiago para tomar el primer bus hasta Santa María. Nada más llegar nos empezaron a gritar desde las diferentes ventanillas donde vendían tíquets de bus, todos querían que compráramos el suyo. Regateamos y miramos cual salía antes ya que todos que dicen que salen a las 7.30 pero en realidad no salen hasta que se llenen así que miramos el que estaba más lleno y lo compramos por 13 soles cada uno. A las 7.45 ya salíamos dirección a Santa María. Éramos los únicos turistas y fue divertido viajar como un local y ver como en cada parada que hacíamos subía un montón de gente a vender de todo. Hubo un momento que había tanta gente vendiendo que no cabían en el bus y una mujer se sentó encima de Tolo.

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Pasadas 5h llegamos a Santa María, al bajarnos nos vino un chico diciendo que su furgo estaba preparada para salir dirección Hidroeléctrica, miramos taxis y si había otras furgos pero todos tenían el mismo precio así que pagamos 15 soles cada uno y subimos a la furgo. El trayecto hasta Hidroeléctrica no está pavimentado y pasa por un acantilado que lo mejor es no mirar por la ventana porque parece aue tiene que caer el bus. Una hora y media después ya estábamos en Hidroeléctrica, bajamos y empezamos a andar por la vía del tren. Todo el camino hasta Aguas Calientes va por la misma vía del tren por lo que hay que ir con cuidado cuando pasa el tren. El trayecto es muy bonito y merece la pena hacerlo, durante dos horas y medía pasaréis en medio del bosque que rodea Machu Pichu y seguiréis el río hasta Aguas Calientes. 

Una vez llegados a Aguas Calientes buscamos alojamiento, lo más barato que encontramos fue una habitación doble con ducha privada por 40 soles, reservamos habitación, comimos un bocata y fuimos pronto a la cama.

Al día siguiente Tolo se levantó a las 3.45 am para ir a hacer cola para el bus que subía a Machu Pichu. El primer bus sale a las 5.30am pero habíamos leído en los blogs que la cola empieza muy temprano así que tocó madrugar. A las 4am no había nadie haciendo cola así que estábamos los primeros. A las 4.05 empezó a llegar gente y en poco tiempo la cola ya era larguísima. En temporada alta nos dijeron que la cola empieza a las 3am e incluso hay veces que la gente duerme allí mismo para hacer cola. Los buses pasan cada 10min pero aún así si no se llega pronto se puede tardar en subir a Machu Pichu debido a la cantidad de gente que hay. Otra manera de subir es ir a pié, se tarda una hora y media. El problema es que es una caminata que cansa mucho y después estaréis muy cansados para subir a Huayna Pichu.

A las 6am ya estábamos en la puerta de Machu Pichu preparados para entrar los primeros con un montón de gente esperando detrás nuestro. Al abrir las puertas entramos y pudimos disfrutar del recorrido por Machu Pichu completamente solos así que aprovechamos el momento. El único problema era que estaba bastante nublado y a las 7 teníamos que subir a Huayna Pichu para ver Machu Pichu desde arriba. A las 7am abrieron las puertas para poder subir a Huayna Pichu y empezamos el ascenso. Es una caminata totalmente inclinada subiendo escalones durante una hora, mejor tomárselo con calma. Cuando llegamos arriba del todo estaba totalmente nublado y no se veía nada de nada así que nos sentamos a esperar a ver si se despejaba. Pasada una hora por fin se empezó a despejar hasta que pudimos apreciar Machu Pichu en su máximo esplendor. Estuvimos unos 30 min tomando fotos desde todos los ángulos y después bajamos para terminar de recorrer Machu Pichu. Eran las 11h, estuvimos recorriendo Machu Pichu una hasta las 12.30h aprox y fuimos hacia el bus para volver a Aguas Calientes. Teníamos pensado volver a pié pero la caminata a Hauyna Pichu nos había dejado un poco cansado y aún teníamos que volver a Hidroeléctricas andando, así que compramos el billete de bus por 12 dólares y reservamos fuerzas.

Al llegar a Aguas Calientes lo primero que hicimos fue comer un bocata, tomamos un café en un bar (regateando el precio ya que en Aguas Calientes todo es carísimo). Después de comer fuimos hacia las vías del tren y empezamos a andar, esta vez nos encontramos menos gente por el camino. Pasadas dos horas llegamos a Hidroeléctricas y buscamos un bus que nos llevara a Cuzco. En un principio había uno que decía que nos llevaba por 25 pero al final resultó que nos llevaba hasta Santa María y allí nos quería hacer subir en otro bus y él quedarse una comisión de lo que pagáramos. Para poder llegar pronto y entregarnos a otro conductor el señor iba como un kamikaze por la carretera, adelantando sin parar e incluso en un punto donde había un derrumbe y se tenía que pasar de uno en uno, él quería adelantar. Fue la primera vez que pasamos miedo en un bus durante dos meses de viaje.

 

Al llegar a Santa María le dijimos que se olvidara de nosotros y que ya nos buscábamos la vida. Encontramos otro bus que nos pedía 25 soles para ir hasta Cuzco pero regateando conseguimos que lo dejara por 20 soles.

Llegamos a Cuzco a las 22h, como era tarde y estábamos muy cansados, tomamos un taxi por unos 4 soles y llegamos al hotel donde fuimos a dormir directamente. Si volviéramos a ir a Machu Pichu nos quedaríamos una noche más en Aguas Calientes para ir con más calma, así que si tenéis tiempo os lo recomendamos.

A la mañana siguiente nos levantamos pronto, teníamos que hacer el checkout para ir a otro alojamiento. Buscando por internet encontramos el Hostel Grasshopper por 6 soles. Ya alojados en el hostel salimos a conocer Cuzco. Empezamos a pasear alrededor del hostel que estaba cerca del mercado de San Pedro donde cada uno comió un lomo saltado acompañado de un té por 10 soles. 

Después seguimos por la Plaza de Armas en pleno centro de Cuzco, una plaza que merece una visita por la mañana y por la noche para verla bien iluminada. En la plaza os recomendamos el restaurante Organik donde podéis probar una carne de Llama buenísima. No es muy barato pero sin duda es uno de los mejores sitios.Cuando caminamos por las calles de cerca de la Plaza fuimos hasta el barrio de San Blas. De camino al barrio se pasa por la calle en la que se conserva parte de las antiguas calles incas con piedras enormes en las paredes, en una de esas paredes se puede ver la figura de un puma y de una serpiente. En San Blas nos dedicamos a mirar tiendas de artesanos admirando los colores de sus telas y después recorrimos las calles del barrio. Sin duda San Blas fue uno de los barrios que más nos gustó y hay que dedicarle una tarde para pasear tranquilamente por sus calles y visitar sus tiendas y bares con encanto. Ya por la noche nos fuimos a cenar al hostel donde hacían una barbacoa que costaba 15 soles por persona. Cenamos un buen plato de carne y estuvimos charlando con la gente alojada en el hostel, allí conocimos a Celia, una chica de Barcelona que viajaba con Elena, una chica Peruana que había vivido muchos años en Barcelona y que ahora estaba viviendo en Trujillo, su dominio del catalán nos sorprendió. 

 

El último día en Cuzco teníamos varias opciones; visitar el Valle Sagrado o ir a Chincheros para ver un mercado de artesanos. Finalmente nos decidimos por Chincheros. Para llegar hasta allí tomamos un bus por 5 soles y en una hora y media ya estábamos en Chincheros. Llegados al pueblo fuimos hasta el mercado y nos encontramos con un mercado enorme de artesanos y de comida. Estuvimos recorriendo el mercado toda la mañana, hablando con artesanos, haciendo alguna compra y después fuimos a una demostración donde pudimos apreciar, de la mano de una artesana, como se realizan los tejidos, los tintes que usan y los diferentes tejidos que utilizan. Fue una mañana muy interesante donde pudimos descubrir una parte de la cultura peruana que no conocíamos. Al medio día aprovechamos para comer unas empanadas y charlamos un rato con el dueño del local, un señor muy simpático que nos explicó como es la vida en Chincheros y como cada vez se intenta abrir más al turismo cultural.

Después de comer volvimos a Cuzco donde llegamos a las 17.30h y aprovechamos para dar un último paseo por la plaza de armas y volvimos al barrio de San Blas. Fuimos a cenar cerca de la Plaza de Armas, donde probamos el famoso Cuy, un conejillo de indias que cocinan en Perú y que da penita comerlo porque lo sirven con cabeza y todo, aunque en este caso venía sin cabeza y fue más fácil.

Al día siguiente hicimos checkout y fuimos a la estación de trenes para ir hasta Lima. Estuvimos mirando precias durante un buen rato y finalmente tomamos un bus semicama por 80 soles cada uno. Aunque decían que era semicama, en realidad no lo era ya que la inclinación era mucho menor que los semicamas que habíamos tomado. Después de 22 horas llegamos a Lima.

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Lima

 

Llegamos a Lima después de casi 24h de autobús desde Cusco. Habíamos reservado un Airbnb ya que no tubimos mucho éxito con Couchsurfing. Todos los blogs y webs decían que el barrio de Miraflores es el más atractivo de la ciudad y también el más seguro, y aconsejaban alojarse allí. En consecuencia, todos los alojamientos de esa zona son los más caros así que decidimos quedarnos en el barrio de “Pueblo Libre”, situado al lado de “San Isidro” y entre Miraflores y el centro histórico. Lima está super bien conectado con autobuses, hay muchísimo y pasan con mucha frecuencia, así que fuimos en autobús hasta el Airbnb, que estaba situado justo al lado de una parada de autobús. 

Al llegar allí, nos dimos cuenta que también estábamos en un barrio muy seguro. todos los edificios estaban vallados y tenían portero que se encargaba de abrir y cerrar la puerta a todo el que entraba a la finca. Llegamos al apartamento y una señora mayor nos abrió la puerta, Elena, quien nos explicó que su hijo vivía en Madrid y era quién le gestionaba todo el tema de Airbnb a distancia. Ella solamente preparaba las habitacions y recibia a la gente. Su piso tenía 3 habitaciones y ella vivía sola, así que alquilaba las otras dos a viajeros para sacarse un dinero extra a su pensión. 

 

Estábamos rebentados del viaje así que nos compramos un par de empanadas en el local de debajo del edificio y nos echamos una larga siesta. Al despertar, fuimos a comprar algo de comida al súper para poder cocinar en la cena y ahorrarnos algo de dinero. La cena tenía que ser ligera porque al día siguiente nos esperaba una súper comida, así que compramos un poco de pescado y lo hicimos a la plancha, que ya lo echábamos de menos. 

El día siguente prometía, teníamos una reseva en el Restaurante Central, una recomendación que el chef Joan Roca nos dió cuando fuimos a comer al Celler de Can Roca para el 34 cumpleaños de Tolo. El Central es actualmente el segundo mejor restaurante de Latinoamerica (aunque ha sido número 1 durante muchos años) y es el quinto mejor restaurante del mundo. Es un restaurante de cocina peruana con ingredientes locales (por eso decidimos ir a Central y no a Maido, que es actualmente el #1 de latinoamérica, pero su cocina es nikkei. Queríamos comida peruana, iremos al Maido a la próxima). Central tiene dos menús, el Alturas – 155 soles/persona -, un menú de 17 platos en el que cada plato está elaborado con ingredientes de 17 alturas diferentes del Perú, empezando a 10 metros de profundidad en el océano Pacífico hasta llegar al punto más alto de los Andes, a 3050m de altura. El segundo menú, es una ersión reducida del Alturas, si no recuerdo mal, tenía 10 platos y su precio rondaba los 130 soles/persona. Vale la pena comer el largo, ¿o vas a volver?. 

El menú no incluye ningún tipo de bebida, pero el restaurante tiene una amplia carta de vinos de todo el mundo, y también existe la opción del maridaje. 

 

Nosotros somos más partidarios de pedir una botella de buen vino en vez del maridaje. No me mal interpretéis, me encantan los maridajes, pero es un tema de aguante. La última vez que hice un maridaje mientras cenaba fue en el restaurante Abac de Jordi Cruz. El maridaje estubo realmente bien, tan bien que no me acuerdo de los postres. Cuando estás en un restaurante así, es realmente una lástima no acordarte de lo que has comido, pero es más lástima aún no acordarte de los aromas y las sensaciones que has tenido. 

Así que bueno, aunque el camarero nos recomendó elegir un vino blanco porque la mayor parte de los platos estaban elaborados con pescado, a nosotros nos gusta mucho más el tinto (y el blanco me da dolor de cabeza si bebo mucho…) y pedimos un vino chileno que nos gustó muchísim: Alba de Domus. Es un vino ligero, sin mucho cuerpo, pero con un aroma brutal. Antes de empezar, también nos pedimos 2 cócteles de pisco, ¡muy ricos!. 

La experiencia fue brutal. Nos gustaron cada uno de los platos, del primero al último. Ingredientes frescos, con muchísimo sabor y una cocina muy fresca y ligera. La verdad es que no nos sorprende que esté en las partes altas del ranking mundial. Si tenéis la oportunidad, no dudéis en visitarlo (hay que reservar con varias semanas de antelación). 

Nuestra digestión iba a durar horas, así que fuimos a pasear un poco por Miraflores para bajar (el restaurante está situado en ese barrio) y nos fuimos para casa. 

El barrio de Miraflores es un barrio de clase media-alta. Tiene una parte residencial y otra donde se aglomeran las tiendas de todas las marcas de moda internacionales. No sé porque la gente dice que es la mejor parte de Lima, a nosotros nos pareció comercial y con poco encanto.

 

Al día siguiente nos levantamos pronto para hacer un free walking tour por el centro histórico de Lima. Nos encontramos a las 11:30 en la Plaza Mayor de Lima con nuestro guia de “Lima by walking”. Empezamos el paseo isitando la misma plaza, que alberga la catedral, el ayuntamiento y el Palacio de Gobierno de Perú. A las 12h de la mañana, los 365 días del año, se hace el cambio de guardia delante del Palacio de Gobierno, con banda de música incluida. El guía nos explicó que se celebra exclusivamente para los turistas, ya que hay varios cambios de guardia durante el día, pero no se hace todo ese paripé. De hecho, los “guardias” que representan el cambio, son militares que los traen cada día a hacer el teatrillo delante del Palacio. Cuando termina, los vuelven a llevar a sus respectivos cuarteles. 

Continuamos por los alrededores de la plaza, pasamos por delante del Museo de la Gastronomía (que desgraciadamente estaba cerrado por obras), visitamos la Iglesia  y el edificio de correos, luego hicimos una parada para probar el zumo de mango, zumo de maracuyá y chicha, las bebidas más comunes en Lima, que se pueden encontrar en todos los puestos de comida. Visitamos el puente Trujillo y la estación de trenes de Desamparados. Terminamos la visita provando varios tipos de Pisco. El barrio histórico de Lima no tiene mucho, solamente la plaza y las calles adyacentes, en un par de horas, está todo visto. 

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Llegó la hora de comer y tocaba visitar otro de los restaurantes de nuestra lista:  La Picanteria. Un restaurante situado en el barrio de Surquillo, al lado de Miraflores. Si tienes que ir a La Picantería, apúntate bien la dirección ya que el restaurante no tiene cartel y su puerta está cerrada todo el tiempo. Solamente tiene un pequeño letrero con el nombre del restaurante y su horario. Al lado, un hombre vestido de calle te preguntará si buscas La Picantería, si le respondes que sí, te abrirá la puerta de madera de la casa de al lado, ahí está el restaurante. 

Depende a la hora a la que llegues quizás te tocará esperar, ya que no es un local muy grande. El restaurante no tiene menú fijo sinó que su menú se basa en el pescado del día que habrá sido comprado la misma mañana en la lonja de Lima. Tú compras el pescado entero y ellos te cocinan todos los platos que sean posibles con ese pescado. Nosotros pedimos dos pescados diferentes (que nos recuerdo el nombre, los que tenían…). Del primer pescado nos cocinaron un ceviche espectacular y unos “chips” con la piel del pescado. También nos ofrecieron hacer una sopa con las espinas, pero teníamos tanto calor que dijimos que no. Con el segundo pescado, nos cocinaron un escabeche con el cual nos acabamos chupando los dedos, ¡riquísimo!. Para beber tienen cerezas artesanas, también muy recomendables. Salimos de allí rodando, pero todo estaba espectacular. 

Volvimos hacia Miraflores después de comer y continuamos viendo lo que nos faltaba de barrio. 

 

Al día siguiente, nos levantamos bastante tarde ya que no había mucho más que ver en Lima y fuimos a comer al último “restaurante” en nuestra lista: Al Toke Pez. Digo “restaurante” porque en realidad se trata más de una taberna que de un restaurante. Es un local de unos 30 m2 donde la cocina ocupa el 80% del espacio. Alrededor de la misma, hay una barra para unas 10 personas. No hay reserva, si esta lleno, hay que esperar a que alguien termine y ceda su taburete. Nosotros tuvimos que esperar unos 10 minutos. Al Toke Pez está regentado por un peruano de origen japonés (de padre y madre) y solamente sirve 4 platos: ceviche de pescado, ceviche mixto (pescado y marisco), chicharrón (tiras de calamar rebozadas, tipo “chocos” en España, pero mucho más finos) y arroz con marisco. También sirven un menú o combinado del día que incluye el ceviche mixto, chicharrón y arroz con marisco, con un vaso de chicha morada. Nosotros nos pedimos un combinado y un ceviche de pescado para los dos. Buenísimo, y lo mejor de todo, barato. Comimos súper bien, todo buenísimo (sobretodo el ceviche de pescado y el chicharrón) por unos 35 soles. 

A más, tanto el cocinero como la señora que trabaja con él son la mar de simpáticos. 

Paseamos un poco por el barrio de Surquillo y nos fuimos al punto de encuentro para nuestro siguiente Free walking tour por el barrio de Barranco. Lima by walking tiene el punto de encuentro en Miraflores y desde allí te vas con el mismo guía en bus hacia Barranco, ya que el barrio queda un poco alejado. 

Empezamos el tour en la plaza de Barranco, regentada por la iglesia y la biblioteca del distrito. Barranco se caracteriza por ser el barrio bohemio de la ciudad de Lima. Es un barrio residencial de clase alta con casas enormes y preciosas. Aún así, en el barrio hay muchísima vida. Bares, cafeterías, salas de exposiciones, mercados de artesanía, etc. Creo que es el barrio que nos gustó más de Lima, tiene mucho encanto. Sus calles están llenas de murales en las paredes, cosa que le da un toque de color y arte al barrio. El atractivo principal del barrio es el llamado Puente de los Suspiros. Un pequeño puente de madera llamado así porque era donde se encontraban los enamorados. La leyenda dice que tienes que pedir un deseo y cruzar el puente aguantando la respiración, solo así se cumplirá. El puente parece corto antes de cruzarlo, pero yo tuve que correr los últimos metros para no ahogarme. 

 

Desde Barranco también hay unas buenas vistas a la costa del Pacifico, desde donde se puede ver el atardecer. Antes de marcharnos, visitamos una galería de artesanías muy muy bonita. Tiene productos de artesanía de todo el Perú y marcas de jovenes locales. Al fondo de la galería, hay un patio muy bonita donde se puede comer algo o tomar un café, es un lugar muy bonito. 

Nos entró hambre así que, antes de coger el bus hacia Pueblo Libre, hicimos una parada en la sanwichería “El Chinito”, justo al lado de la parada de autobús, donde nos comimos dos sandwiches brutales – Gisela de lomo adobado y Tolo de carne de cerdo – ¡muy recomendable!. 

Nuestros días en Latinoamérica habían llegado a su fin y lo íbamos a echar mucho de menos. Latinoamérica es un continente brutal, súper diverso y con una história de superación y lucha incomparable. El continente es tan grande que no hay tiempo para verlo todo de una vez, ¡pero volveremos!.

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