Fin de semana en Lisboa
Fin de semana en Lisboa

Lisboa es una de las ciudades ideales para ir a pasar un fin de semana. Muchas aerolineas low-cost vuelan a la ciudad y si se buscan los billetes con tiempo se pueden encontrar buenas gangas.

Si es posible, lo ideal es salir el viernes por la tarde y llegar a Lisboa para la hora de cenar. Así lo hicimos nosotros. La vuelta la cogimos para el lunes por la tarde, así teníamos más tiempo para descubrir la ciudad.

 

Día 1: Llegamos a Lisboa hacia las 18h, con tiempo suficiente para ir a dejar las maletas a nuestro piso de Airbnb y poder dar un paseo antes de cenar.

Desde el aeropuerto cogimos el Aerobus (3,5€) ya que es una buena oportunidad para hacer un tour por la ciudad por un módico precio, y tiene wifi gratis! El trayecto hasta Praça Marqués de Pombal fue de unos 25 minutos.

Nos alojamos en el piso de Leonardo a través de Airbnb. Es un piso pequeño pero muy nuevo y limpio, ideal para pasar el fin de semana si estás viajando. El precio es bastante económico y tiene una buena localización; a dos paradas de metro del casco antiguo. Nos alojamos allí por recomendación de una amiga local que nos dijo que en los alrededores de la Praça Marqués de Pombal era una buena zona para quedarse, cerca del centro pero sin estar en medio del barullo. Y así es. Aunque tengo que reconocer que yo prefiero alojarme a una distancia a pie al centro.

 

Tras dejar las maletas en el apartamento, nos dirigimos hacia el centro en metro (decidimos comprar la tarjeta de metro para 24h – 6€).

Esa tarde decidimos pasear por el Bairro Alto, ya que habíamos leído que lo bonito es pasear por las callejuelas, y las atracciones turísticas estaban a punto de cerrar.

Nos bajamos en la estación de Baixa-Chiado, y caminamos hasta Rossio, para ver la Praça Dom Pedro IV, la Praça de Figueira y la Iglesia de Santo Domingo. Solo en ese corto recorrido ya nos dimos cuenta que Lisboa nos iba a gustar, y mucho. Calles adoquinadas, edificios bajos y bien conservados, bares con terrazas llenas de gente, etc. Tuvimos la suerte de encontrar una pequeña feria de productos regionales, donde pudimos ver la gran afición que tienen los portugueses por los embutidos y, por supuesto, por la ginjinha. La ginjinha es un licor de cerezas y es la bebida más popular en Lisboa, la venden en todos sitios.

 

Un buen descubrimiento fue el A ginjinha, un pequeño “bar” que sirve chupitos de ginjinha a 1,20€ para llevar. Vale la pena visitarlo!

Después subimos hacia Bairro Alto. Como su nombre indica, para llegar a este barrio hay que subir y subir y subir……escaleras, calles en subida, más escalera…..

Una vez llegados, vale la pena quedarse unas horas. Bairro Alto está repleto de bares y restaurantes de los más variopintos. Desde hoteles-boutique con restaurantes cosmopolitas hasta tabernas irlandesas o bares cubanos donde tomarse unos mojitos. Pero lo mejor del barrio es sin duda el Miradouro de Sao Pedro de Alcantara, uno de los muchos miradores que hay en la ciudad de Lisboa. Desde allí se puede ver toda la ciudad y el castillo. Una buen lugar para ver anochecer con una copa de vino (hay tenderetes de comida y bebida). Una buena hora para subir es al atardecer, así se puede ver la puesta de sol.

Para cenar os recomendamos ir al restaurante Decadente, que está justo delante del mirador. Está integrado en los bajos de un hotel, así que no es fácil de encontrar. Se trata de un restaurante con una decoración industrial, de cocina contemporánea, con muchos platos con un toque portugués. Las raciones son completas y el ambientes es un poco ruidoso pero sin llegar a ser desagradable. Un lugar ideal para tomar una buena cena a un precio más que asequible (60€ – 1 entrante, 2 principales, 2 postres y 1 botella de vino). No olvidéis reservar mesa!

 

Día 2: Nuestro primer día completo en Lisboa queríamos salir a pasear y a descubrir la ciudad pero cuando llegamos al centro de Lisboa empezó a llover. Más que llover, diluvió! Llevábamos un paraguas pero no nos sirvió de mucho y terminamos comprando un chubasquero. Lisboa es una ciudad con viento, si vais con paraguas seguramente os durará poco. El chubasquero nos salvó la mañana. Andamos por Baixa y Rossio visitando la Praça do Comércio formada por unas arcadas y un arco de triunfo del s. XVII. Nos hubiera gustado verla mejor pero entre el viento y la lluvia no pudimos estar mucho rato, así que volveremos otro día que no llueva tanto.

 

Después de andar durante un rato llegamos hasta el barrio de Alfama. En el barrio de Alfama se encuentran el castillo árabe, miradores, la Catedral de Sé, y señoras mayores muy graciosas mirando por la ventana. Es un barrio para pasear y pasear , aunque tened en cuenta que todo son cuestas y más cuestas. Al llegar a Alfama nos dimos cuenta que estábamos totalmente empapados y decidimos volver a casa y secarnos. De esta experiencia aprendimos que en un viaje con previsión de lluvia no puede faltar en la maleta un buen chubasquero, un pantalón impermeable y unos buenos zapatos resistentes al agua!

 

Sobre las 20h salimos a pasear y hemos ido a cenar al restaurante Boca di Sapato, dónde habíamos reservado con antelación. Este restaurante se encuentra a orillas del río Tajo y cerca de la parada de metro Santa Apología. Boca di Sapato es uno de los sitios más famosos de Lisboa, uno de los lugares de moda ya que uno de los socios del restaurante es John Malkovich. Para cenar tomamos unos entrantes de ostras y de segundo sushi acompañado de vino. Los camareros fueron muy atentos y el sushi estaba muy bueno. Nos gustó el sitio, aunque está un poco alejado de todo y no acompaña a pasear después de cenar. Si pensáis ir a este restaurante no olvidéis reservar mesa.

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Lisboa, tranvía
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Día 3: Nos acercamos al Bairro de Belem donde visitamos el impresionante Mosterio des Jerónimos. Fue fundado en 1501 para celebrar el descubrimiento de la ruta marítima a la India de Vasco de Gama. Actualmente no está en funcionamiento como tal pero con los años este magnífico lugar ha sido monasterio, escuela y orfanato. Fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Merece la pena pasar allí una buena hora. El claustro está construido en su totalidad de piedras color miel talladas con multitud de detalles. Símbolos, cruces de órdenes militares, gárgolas y otras bestias, torres y columnas con hojas y plantas de piedras. La verdad es que nos sorprendió mucho la belleza y la buena conservación del lugar, es como estar en un capítulo de Juego de Tronos y pasear por Desembarco del Rey. Si estáis por Lisboa el fin de semana, id a visitar el monasterio en domingo por la mañana, ya que la entrada es gratuita (el resto de los días 10€/persona).

 

La Iglesia también impresiona, y está igual de bien conservada que el claustro. Cuando entréis por la puerta, hay que fijarse en dos cosas: en las columnas que parecen troncos de árboles y en el presbiterio inferior, a la izquierda de la entrada, donde yacen los restos de Vasco de Gama. Si subís al coro superior, podréis observar la iglesia en su totalidad, es impresionante! Tened en cuenta que la iglesia sí que está en funcionamiento, por tanto, si hay misa en el momento que lleguéis, tendréis que esperar fuera hasta que termine y os dejen entrar.
Desde allí, andamos unos 10min hasta el Museo Colecçao Berardo. Este museo recoge obras de arte moderno y contemporáneo, desde Picasso hasta Warhol, pasando por Duchamp, Miró o Klein. Vale la pena pasar un par de horas si se quiere visitar por completo. Hay una exposición permanente en la planta superior y exposiciones temporales en la inferior. Si os gusta el arte contemporáneo, esta colección no tiene nada que envidiar a la de otros museos con renombre mundial. La entrada es gratuita.

 

Seguimos andando por la misma avenida, bordeando el Tajo, hasta llegar a la Torre de Belém. Una fortaleza, también Patrimonio de la Humanidad, la cual defendía el puerto de Lisboa. Es muy curiosa la forma que tiene, de torre de pieza de ajedrez y el rinoceronte de piedra que hay bajo la torre oeste. Se puede subir hasta la parte de arriba de la torre por 6€ y una larga escalera de caracol (los domingos también es gratis hasta las 14h). Nosotros no subimos porque no es una torre muy alta y creímos que las vistas no podrían ser mejores que las de los miradores de Lisboa. Cuestión de gustos.

 

De regreso hacia el centro de Belém, os recomendamos volver por el lado del Tajo para no perdernos el Padrão dos Descobrimentos. Un monolítico monumento construido en 1960 por el 500 aniversario de la muerte de Enrique el Navegante. Es una enorme piedra de 52m de altura con 32 figuras de portugueses ilustres.
Después de ver el monumento, nos dirigimos hacia la parada del tranvía para coger el 15 que nos llevó al Mercado da Ribeira para comer.

 

El Mercado da Riberia era un mercado corriente (y una parte de él sigue siéndolo) donde, desde 1982, se vendían frutas y verduras frescas, pescados y carnes, y muchas flores. En 2014, Time Out (los de la revista) transformó una parte del mercado en una zona de restauración. Podría compararse a mercados como el de San Antonio en Madrid o el Mercat de la Princesa en Barcelona. Se puede encontrar de todo: hamburguesas, comida asiática, conservas de pescado, ensaladas, parrillada, vinos, cervezas artesanas, las famosas croquetas, pasteles, chocolate, helados, de todo! Nada más y nada menos que 35 quioscos con una carta muy variada.
El lugar es muy bonito, una nave de mercado con techos altísimos, las mesas y taburetes son 100% de madera y los quioscos siguen la misma estética entre ellos. Nosotros comimos una hamburguesa de Honorado y un tártar de salmón de Tartar-ia.

 

De postre pedimos un brownie en Nos É Mais Bolos, exquisito!
Como os podéis imaginar es un lugar muy de moda y está repleto de gente. Para pedir no hicimos mucha cola pero para sentarse, es la ley del más fuerte (o el más rápido). Si vais con pareja es posible encontrar un lugar, pero si vais en grupo id mentalizaros que quizás os tengáis que dividir para poder sentaros a comer.

 

Ya con la barriga llena nos dirigimos hasta el Convento do Carmo. Si queréis visitarlo tened en cuenta que los domingos está cerrado!! y hoy era domingo… así que nos redirigimos al Castelo de Sao Jorge. El Castillo está en el barrio de Alfama, lo que significa subir y subir cuestas. Paseamos hasta llegar a la Praça da Figueira donde queríamos coger el tranvía 28 para subir al castillo, pero no hemos tenido suerte. Había una procesión hasta las 18.30h y habían cerrado las calles por las que pasaba el tranvía, así que terminamos subiendo a pié. Un policía nos recomendó subir con el ascensor que está al lado de Plaza Magdalena. Nos ahorramos unas cuantas cuestas! La entrada al Castelo de Sao Jorge cuesta unos 8,50€ (estudiantes). Al entrar llegáis a una plaza con unas vistas de la ciudad que os hará parar para tomar fotos. A partir de aquí la visita se trata de andar y pasear por dentro del castillo. En realidad no hay mucho que ver a parte de sus murallas y las vistas de la ciudad. El precio de la entrada nos pareció un poco caro.

 

Terminada la visita al Castillo aprovechamos para andar por Alfama ya que ya no llovía. El barrio es una bonita mezcla de calles adoquinadas, casas de colores y ropa tendida en las casas. Nos encantó el barrio y estuvimos paseando hasta llegar a la Catedral de Sé, construida el 1150, no dejéis de entrar y pasear tranquilamente por esta catedral.  Desde la catedral bajamos hasta Baixa para poder coger el tranvía 28.
Cuándo llegamos a la parada del tranvía había bastante gente esperando, así que tuvimos que hacer cola hasta coger el segundo que pasaba. La ventaja fue que pudimos sentarnos. Si queréis subiros al tranvía, lo mejor  es que dejéis pasar a la gente si veis que se está llenando y esperéis hasta que llegue el siguiente y así os podáis sentar para disfrutar del paseo. Estuvimos durante una hora montados en el tranvía descubriendo la ciudad. En realidad dimos dos vueltas y nos encantó. Es como volver atrás en el tiempo.

 

Día 4: Nuestro último día en Lisboa. Después de tantear la idea de visitar Sintra o Cascáis decidimos quedarnos en Lisboa. Nos gustó mucho la ciudad y queríamos irnos con la sensación de haberlo visto todo. Para empezar el día fuimos al Convento do Carmo, esta vez estaba abierto! La entrada cuesta 3,50 euros. El convento fue fundado el año 1389 como convento para monjas pero sufrió daños con el terremoto del año 1755. Al no terminar su reconstrucción quedó como es hoy en día, un convento sin techo. También es el museo arqueológico. Es una visita obligatoria, es muy bonito descubrir el monasterio sin techo y como se conserva tan bien. Sin duda os gustará la visita y no es cara.

 

Terminada la visita del Convento do Carmo terminamos nuestro viaje andando por Lisboa y paseando por Baixa y Rossio. Pudimos disfrutar del barrio con tranquilidad y sin lluvia y hemos volvimos a visitar la Praça do Comércio. Esta vez no hacía tanto viento y pudimos ver la plaza y las calles de estos barrios sin problemas.

Para comer, hicimos un gran descubrimiento: un pequeño restaurante llamado Taberna da Rua das Flores. Como el nombre indica está situado en Rua das Flores número 103. La decoración del restaurante es muy acogedora, con un toque rústico y casero. Comimos dos platos típicos de Lisboa acompañados con un postre para compartir, cerveza artesana y un café. En total nos costó 30 euros. Nada caro y la comida estuvo muy buena! Sin duda os lo recomendamos!!

Al terminar de comer ya no teníamos tiempo para más y nos dirigimos al aeropuerto. Si estáis buscando un viaje corto a una ciudad bonita y con encanto y además que no sea muy caro, sin duda Lisboa es vuestro sitio.

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Lisboa Portugal
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2 COMMENTS

  • Diana dice:

    Por favor, puedo saber para cuando teneis pensado programar de nuevo este viaje?

    Gracias

    • Viajistas dice:

      Hola Diana!

      No somos una agencia de viajes… Lisboa es una ciudad fácil de visitar por tu cuenta, nosotros fuimos sin agencia de viaje. Te lo recomendamos! Para cualquier duda aquí nos tienes!

      Gracias!

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