Chile

Carretera Austral

 

Como ya os explicamos, en un principio la idea era ir a Torres del Paine pero cambiamos los planes para ir a la Carretera Austral y no nos arrepentimos. Por internet encontramos muy poca información sobre las rutas, distancias, hostels, etc, así que íbamos un poco a la aventura. Para recorrer la Carretera Austral decidimos alquilar un coche y así poder tener más libertad de movimiento, ya que al parecer hay pocos buses. Es recomendable alquilar un 4×4 ya que la mayor parte de la carretera está sin asfaltar y si se va en un coche bajo lo más seguro es que tengáis que llamar a una grua… Para cruzar la frontera de Argentina hasta Chile habíamos leído en la guía y en blogs que se podía ir hasta Los Antiguos (en Argentina) y coger un bus que llevaba hasta Chile Chico (Chile) cruzando las aduanas. Cogimos un bus cama nocturno desde El Calafate hasta Los Antiguos con la empresa Marga Taqsa (hay que decir que el bus de la empresa Vía Bariloche que cogimos para ir a Iguazú era mejor porque te daban cojín, manta y mejor cena).

 

Llegamos a Los Antiguos sobre las 9 de la mañana y fuimos a preguntar dónde teníamos que coger el bus hasta Chile Chico. Al llegar a la oficina nos explicaron que hacía poco tiempo que ya no circulaban buses en esa ruta y que teníamos tres opciones: andar 13km hasta Chile Chico, hacer autostop o coger una excursión hasta Catedrales de Marmol (en Chile) y pedir que nos dejaran en Chile Chico. Fuimos hasta el centro del pueblo para pedir información sobre las excursiones pero no tuvimos suerte ya que todas habían salido a las 8h. Ya solo nos quedaban las otras dos opciones. Probamos la opción de hacer autostop y un señor muy amable se paró y nos llevó hasta la frontera argentina, donde hicimos todos los trámites para salir del país. En la frontera argentina nos encontramos con dos chicos y una chica israelíes que nos comentaron que llevaban bastante tiempo esperando y haciendo autoestop, pero nadie se paraba, así que empezamos a andar dirección a la frontera de Chile. Estuvimos andando durante 8km hasta llegar a la aduana de Chile y nadie se paró a recogernos. Después de hacer los trámites en la aduana y entrar en Chile, una señora muy amable nos recogió y nos llevó desde la aduana hasta Chile Chico. Tuvimos suerte y nos ahorramos andar 5km más!!.

 

En Chile Chico decidimos probar suerte con Couchsurfing y alojarnos en casa de gente local. Desde El Calafate habíamos contactado con un chico y acordamos con él que al llegar a Chile Chico le contactaríamos. Al no tener wifi y ser las 1pm fuimos a buscar un restaurante dónde comer y conectarnos a un wifi. Vimos varios restaurantes pero nos decidimos por una cervecería muy bonita y que hacían pizzas, después de lo que habíamos caminado ¡¡nos merecíamos comer bien!!. Al entrar en la taberna y sentarnos, Gisela vió que el encargado de la taberna se parecía mucho al chico con el que nos habíamos escrito por Couchsurfing y le preguntó si era él, tuvimos la suerte de entrar en el restaurante en el que trabajaba Nico, nuestro couchsurfer!!. Estuvimos hablando con él y esperamos a que terminara su turno para ir a su casa. Durante la espera nos tomamos una pizza enorme y una buena cerveza artesana. Sin duda los que vayáis a Chile Chico tenéis que pasar por la Taberna Teuelche y tomaros una de sus pizzas con una buena cerveza.

 

Nuestro primer couchsurfer se llama Nico, un chico argentino encargado de la Taberna Teuelche y que comparte casa con Milton, el cocinero de la taberna. Nico y Milton nos dejaron su casa para alojarnos, toda para nosotros. Era nuestra primera experiencia haciendo Couchsurfing y nos fascinó la amabilidad de los chicos, estaban dejando su propia casa a unos desconocidos y sin pedir nada a cambio!!. Nos pegamos una buena siesta y después fuimos a pasear por el pueblo y a cenar con Nico y Milton. Estuvimos cenando y bebiendo hasta las 3 de la madrugada y hablamos sobre Argentia, Cataluña, España, Chile, sobre costumbres, cultura…. Si nos hubieran dicho que conoceríamos a gente como ellos, ¡¡habríamos empezado antes a hacer couchsurfing!!. Después nos despedimos de ellos con el deseo de verlos de nuevo, aunque la próxima vez tiene que ser en nuestra casa en Barcelona.
Desde Chile Chico, el objetivo era llegar a Coyhaique para pasar una noche y desde donde habíamos alquilado el coche y desde donde empezaríamos nuestra ruta por la Carretera Austral.
Cogímos un ferry a las 8 de la mañana desde Chile Chico que nos llevó a Puerto Ibáñez (4500 pesos chilenos/2 personas). El trayecto dura unas dos horas. En Puerto Ibáñez hay buses que te llevan a Coyahique.
En Coyhaique nos alojamos en Puesto Patagón Backpackers y nos costó 34€ por Airbnb en una habitación compartida. En el pueblo solamente paseamos y poco más.

A la mañana siguiente fuimos a buscar el coche, un 4×4 que alquilamos con Europcar (630€/8 días – kilometraje ilimitado y 2º conductor gratuito) y nos pusimos en ruta.
Condujimos hasta Río Tranquilo pasando por paisajes increíbles. El río Baker, un río de color turquesa increíble bordea la carretera Austral en toda la parte sur y es un espectáculo para la vista. El color del río se debe a que la mayoría del agua de su caudal viene de los glaciares. El agua de los glaciares contiene un mineral que con la luz del sol se ve de ese color turquesa tan profundo (de ahí igualmente el color del Perito Moreno). Río Tranquilo es un pueblo muy pequeño pero es conocido porque desde allí salen las barcas para visitar las Catedrales de Mármol. Al llegar al pueblo fuimos directos al camping Bellavista donde habíamos reservado. El camping tiene tres tipos de alojamiento: habitaciones privadas (12’000 pesos por persona), plaza para plantar tu propia tienda de campaña (5’000 pesos por persona) o plaza y alquiler de tienda de campaña (7’500 pesos por persona). Como no sabíamos que el camping alquilaba tiendas de campaña – no llevamos -, cogimos habitación, pero ya lo anotamos para el camino de vuelta reservar la opción más barata….

 

Fuimos a pasear, comprar comida y a pedir información sobre las excursiones para las Catedrales de Mármol. Las excursiones salen durante todo el día y hay muchas compañías que lo hacen, así que no es necesario reservar con antelación. Los propios están acordados entre las empresas: 10’000 pesos/persona visitar las Catedrales en bote o 40’000 pesos/persona para visitar las Catedrales en kayak.
Reservamos la visita para el día siguiente con Newen. Tienen una embarcación pequeña (máximo 10 personas) y es capaz de entrar dentro de las Catedrales igual que los kayak, y sin remar :-). Nos advirtieron que como más pronto hiciéramos la excursión mejor, ya que la luz es mucho mejor a primera hora de la mañana. Reservamos para la salida de las 8 de la mañana y allí estuvimos puntuales a la mañana siguiente. Nos dieron un chubasquero, un salvavidas y nos subimos al bote. Éramos 6 personas, el capitán y un marinero. El trayecto hasta las catedrales duró unos 15-20 minutos sobre un agua de un color azul turquesa profundo. Parecía que lo hubieran pintado. Las Catedrales de Mármol son realmente bonitas. Se trata de rocas con grandes cavidades que se han ido ampliando con los años (y siglos) con el agua. Las rocas se encuentran en un proceso de marmolización y se calcula que les quedan unos 40.000 años para que sea 100% mármol. La excursión merece realmente la pena, por un precio muy económico ves un fenómeno de la naturaleza de una belleza brutal.

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Mientras visitábamos las Catedrales se levantó mucho viento así que el viaje de vuelta fue bastante movido y nos mojamos bastante. Al llegar al puerto, nos informaron que habían cerrado por el mal tiempo y que no podrían salir más barcas hasta que no mejorase, ¡menos mal que reservamos la primera salida del día!.
Hacia las 10h ya habíamos terminado y seguimos con carretera y manta dirección Cochrane, donde nos esperaba Luís, nuestro segundo anfitrión de Couchsurfing.
El trayecto hacia Cochrane fue igual de bonito que el del día anterior. La Carretera Austral tiene un paisaje muy cambiante, desde llanuras a bosques, desde tranquilos lagos a grandes saltos de agua, la naturaleza es impresionante.
Al llegar a Cochrane, iniciamos nuestra habitual misión: encontrar wifi para poder contactar con Luís. Llegamos a la plaza del pueblo y entramos en una cafetería donde hacían sándwiches y pizzas caseras. Desde allí contactamos con Luís a quien fuimos a buscar a su oficina y nos llevó a su casa. Luís vivía con su novia y Diego, un compañero de trabajo. No pudimos pasar mucho tiempo con él porque era fin de semana y iba a visitar a sus padres, pero Diego nos trató como en casa.

Desde Cochrane se pueden hacer dos excursiones diferentes, visitar la Reserva Tamango o visitar el Parque Patagonia. Decidimos visitar primero el Patagonia y dejar la Reserva Tamango para el día siguiente. El Parque Patagonia es un parque de propiedad privada, el propietario era el difunto propietario de la marca Northface quién compró miles de hectáreas de la Patagonia chilena para conservarla y que no fuera explotada. Actualmente el parque es propiedad de su familia. En el parque se pueden hacer varias rutas según vuestra condición física y el tiempo que tengáis. Nosotros hicimos el Sendero Avilés, un trekking de unos 16km. La verdad es que nos gustó muchísimo, el paisaje va cambiando mucho según vas avanzando y se pueden encontrar muchísimos huemúles. Tienes que cruzar un río un par de veces – una en un puente a unos 30 metros de altura y la segunda quitándote las botas y cruzando sobre el agua helada – , cruzas bosques, andas por llanuras secas, la variedad es brutal. Fue una excursión muy bonita pero también bastante cansada.
Por la tarde, cuando llegamos a casa de Luís, Diego trajo a 2 viajeros más que había encontrado por el camino y a quién también invitó a pasar la noche en su casa. Cenamos y estuvimos tomando vino chileno juntos hasta la madrugada.

 

El plan de la mañana siguiente era visitar la Reserva Tamango antes de partir hacia nuestra próxima parada, pero el vino de la noche anterior junto al cansancio del trekking y el dolor de pie de Gisela hicieron que decidiéramos anular nuestro plan.
Ese día paseamos por el pueblo (¡hay una casa con forma de mate!) y algo importante a tener en cuenta en Cochrane es que en la plaza del pueblo hay wifi gratis de la municipalidad.
Después de comer, cargamos el coche de nuevo y nos pusimos rumbo a Caleta Tortel, nuestra última parada de la Carretera Austral. Cuando estábamos a punto de salir de Coyaique, nos encontramos a dos chicas haciendo autoestop y las recogimos, ya que también se dirigían a Tortel. Hay que decir que, en Chile, es muy común viajar haciendo autoestop (a dedo lo llaman aquí), hay muchísima gente por los caminos y es habitual que los conductores se pare a recogerlos. Los trayectos son muy largos y la gente muy hospitalaria. Los chilenos viajan muchísimo con una tienda de campaña en la mochila y a dedo, una manera muy económica de viajar y a la vez enriquecedora, ya que te permite compartir tiempo con desconocidos de todo el mundo.
El camino fue igual de bonito que en las etapas anteriores. Paramos varias veces para echar fotos del paisaje. Tras unas 3 horas de carretera, llegamos a Caleta Tortel.

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Tortel es un pueblo muy peculiar: no tiene calles. Hay que dejar el coche en la entrada del pueblo y a partir de ahí, desplazarse a pie por las pasarelas de madera que recorren todo el pueblo.
Tiene 600 habitantes y las casas están construidas en las rocas al borde del mar. Solamente hay 3 tiende citas para comprar comida y el resto de alimento se produce en casas particulares: una señora hace el pan, otra hace mermelada, y así con varios productos de elaboración casera.

Caleta Tortel tiene un encanto muy especial. Es de esos lugares donde te puedes sentar al borde del agua y solamente estar ahí, observando el movimiento del agua, el va y ven de las barcas y la poca gente que hay, recorrer las pasarelas de ciprés paseando lentamente. Es un lugar con un aire limpio y puro, lejos de cualquier ruido. Desprende una energía brutal.
En Caleta Tortel volvimos a utilizar Couchsurfing para alojarnos. Esta vez nuestro anfitrión fue CArlos, quien vivía en una cabaña de madera con 3 amigos más. Los chicos venían de diferentes partes de Chile. Habían llegado a Caleta Tortel viajando, el pueblo les enamoró y decidieron quedarse unos meses antes de seguir hacia otro lugar. Encontraron un trabajo allí y compartían experiencias en la misma casa. Todos ellos fueron geniales con nosotros, súper acogedores. DE hecho no tenían una habitación extra para hospedarnos, sino que compartimos la habitación con uno de ellos, Manuel. Estuvimos en su casa 3 noches y cada una de las noches alojamos a nuevos viajeros que estaban de pasada por Tortel, lo pasamos muy bien. En Tortel hay básicamente tres cosas a hacer: pasear por el bonito pueblo, pasear por un cerro (camino) que pasa por encima del pueblo y tiene varios miradores para ver el pueblo desde arriba y por último, ir a visitar la Isla de los Muertos. Una isla en la que murieron unos 130 trabajadores por causas aún desconocidas. En la isla se encuentran las tumbas de todos ellos.

Nosotros tuvimos la oportunidad de pasear por el pueblo, pero el día que teníamos planeado visitar la Isla de los Muertos y el cerro, no paró de llover en todo el día, así que no pudimos hacerlo. Aprovechamos para relajarnos, jugar unas partidas de UNO con Jorge y Manuel y hacer un pastel para la cena. Esa noche, Jorge trajo a dos chicas de Madrid que también estaban viajando y necesitaban alojamiento. Esa noche fuimos a pasear hasta la playa de Tortel y hicimos una hoguera para calentarnos del frío. Pasamos una velada muy agradable.
La mañana siguiente nos preparamos para partir. Manuel se vino con nosotros ya que también tenía que estar en Coyhaique un día más tarde que nosotros y aprovechó el viaje. El plan era dividir el trayecto de vuelta en dos días. El primero conducir hasta Río Tranquilo y pasar noche allí y el segundo llegar a Coyhaique.
En el camino hacia Rió Tranquilo, nos paramos a ver la Confluencia del río Baker. Y la verdad es que merece la pena la parada. Se trata del punto del río Baker en el que llega uno de sus afluentes, el río Neft. Es muy curioso porque el río Neft es de un color lechoso, muy emblanquecido, y el río Baker es de un turquesa profundo. en la confluencia, se ve claramente la llegada de los dos colores y cómo se mezclan. Es muy bonito.

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Tras nuestra parada, seguimos camino a Río Tranquilo después de recoger a 4 autoestopistas más que iban al mismo destino. Nos volvimos a alojar en el camping Bellavista, pero esta vez alquilamos una tienda y acampamos (mitad de precio que la habitación). Por la mañana, nos pusimos rumbo a Coyhaique, no sin antes recoger a tres autoestopistas más que iban para allá. Nosotros teníamos coche, y había que aprovechar para llevar a quien lo necesitara. En Coyhaique nos despedimos de Manuel, esperando volver a verlo quizás en Santiago. Entregamos el coche y nos dirigimos a la parada del bus que nos llevaría a Puerto Chacabuco, donde pasaríamos noche antes de coger el barco a Chiloé. Mientras esperábamos el bus, comimos unas “empanadas de pino”, la más tradicional de Chile. Es una empanada rellena de carne picada con cebolla y especies, huevo duro y 1 oliva entera. Las puedes encontrar fritas o al horno, las últimas nos gustaron mucho más. De postre nos compramos una media luna (croissant) rellana de “manjar”. El manjar es una especie de dulce de leche en versión chilena. Lo siento mucho por los chilenos, pero bajo nuestro parecer, el dulce de leche es el campeón.
Desde Coyahique no hay buses directos a Chacabuco. Hay que coger un bus hasta Aysén (2200 pesos/persona) y desde Aysén coger un minibus privado que te lleva a Chacabuco (500 pesos/persona).

En Chacabuco volvimos a utilizar Couchsurfing. Esta vez, nuestro anfitrión Jorge no estaba en Chacabuco ya que se había marchado a Puerto Montt a matricularse en la universidad. Sin embargo, Jorge nos dijo que su abuela y su tía nos recibirían en la casa sin problema y así fue. La abuelita de Jorge y su tía Milena nos recibieron, nos prepararon una cena exquisita y nos trataron genial. El día siguiente teníamos que coger el barco a las 15h, pero se retrasó y no salió hasta las 21h, así que Milena y su mamá nos invitaron a comer en la casa con ellas de nuevo. Fueron maravillosas.
Tras esperar varias horas a que llegara el barco para Quellón (57€/2 pasajeros), a las 21h zarpamos de Puerto Chacabuco con 30 horas de viaje en barco por delante. Hay que tener en cuenta que, si coges butaca (la opción más barata), no incluye comidas, así que hay que llevarse provisiones para todo el viaje. Aunque hay cafetería que sirve comida rápida (pizzas, pasta y empanadas a un precio bastante razonable).
El barco es de tamaño pequeño y las butacas son bastante reclinables como para dormir cómodamente (¡nosotros dormimos casi 12 horas seguidas!). Como siempre, es importante llevar tapones para los oídos, un antifaz y un cojín para el cuello (recordad mi famoso “traveling kit” en la sección de la mochila para la vuelta al mundo).
En nuestro caso, el barco salió con 6 horas de retraso desde El Chacabuco, así que hay que armarse de paciencia.

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Chiloé

 

 

Nuestro barco llegó a las 2 de la mañana a Quellón, lo que hacía imposible buscar un lugar donde alojarse. El personal de Naviera Austral nos informó que podíamos pasar la noche en sus oficinas, que están situadas a unos 100 metros de el puerto. Así que, junto a unas 10 personas más, dormimos tumbados sobre las sillas de la sala de espera de la Naviera.
A la mañana siguiente, cogimos el primer bus de las 8 de la mañana hacia Castro, la capital de Chiloé. Como ese día también hacíamos Couchsurfing y no habíamos quedado hasta la tarde con nuestros anfitriones, decidimos dejar las mochilas en la consigna de la estación y hacer turismo por el pueblo. En la plaza del pueblo hay un punto de información turística donde te dan un mapa y algunas explicaciones. Allí también nos indicaron que, cada día a las 10 de la mañana, organizaban un tour gratuito y guiado por el pueblo (era domingo, así que ese día no había). Aún así, nos informaron que en Yutuy, una península de la isla de Chiloé, ese día se celebraba una fiesta costumbrista. Hacía días que queríamos coincidir con unas fiestas para poder vivir las tradiciones, música y gastronomía locales, así que decidimos ir para allí. Desde el puerto de Castro, cogimos una lancha (1000 pesos/persona) que nos llevó a Yutuy.

 

Al llegar allí, pudimos ver que se trataba de un pueblito muy pequeño, aunque en las fiestas había bastante gente. Había un escenario con música tradicional y muchos puestos de comida tradicional: asado de cordero, empanadas de pino y el famoso Curanto de Chiloé. Todo el mundo nos había dicho que teníamos que probar el Curanto, y allí lo hacían de manera tradicional, así que decidimos probarlo ese día. El Curanto se hace en un hoyo en la tierra. Se hace un agujero en la tierra y se llena de piedras que se calentaran para cocinar el Curanto. Una vez las piedras están calientes, se pone encima marisco de la zona (allí principalmente mejillones del tamaño de la palma de mi mano) y se cubre con unas hojas gigantes de una planta d ella zona (no recuerdo el nombre). Encima de las hojas, se ponen patatas enteras y se vuelven a cubrir de hojas. Se añaden trozos de cerdo y salchichas y se vuelve a cubrir de hojas. Encima se ponen una especie de ñoquis caseros gigantes y se vuelve a cubrir de hojas. Una vez terminadas todas las capas, se cubre con un plástico para que se mantenga el vapor y el calor y se cueza todo lo que hay en el interior del hoyo. Para saber cuando está todo cocido, dejan una patata también cubierta, en uno de los extremos del Curanto, que se pueda acceder a ella. Cuando la patata esté cocida, significará que todos los ingredientes del interior del hoyo lo estarán también. Normalmente tarda alrededor de 1 hora en cocerse todo, aunque depende de la cantidad de comida y del calor de las piedras.

 

Hoy en día, en Chiloé se cocinan dos versiones del Curanto: el Curanto al hoyo (anteriormente descrito y versión tradicional) o el Curanto en olla. Esta última es la versión más actual, donde todos los ingredientes se cocinan en el mismo orden y capas, pero dentro de una olla. Hay quien dice que está versión es mejor que la tradicional ya que te la sirven con el jugo desprendido del marisco y la carne, en cambio en la versión tradicional todos estos jugos se van a la tierra.
Mientras esperábamos a que el Curanto se terminara de cocer, nos tomamos un aperitivo: cerveza artesana y empandillas caseras de pino (carne picada con especies, cebolla y una aceituna).
Una vez terminado de cocer el Curanto, te sirven un plato enorme con una pieza de cada cosa (mejillones unos cuantos) y la verdad es que nos gustó mucho. Todo queda un poco ahumado y con un sabor muy rico. Recomendamos que probéis la versión tradicional si tenéis la oportunidad ya que el Curanto en olla también se hace en otras regiones de Chile y tendréis más oportunidades de probarlo. El Curanto al hoyo es tradicional de Chiloé.
Después de comer, aprovechamos para comer un poco de fruta que vendían en los puestos (súper sabrosa) y nos volvimos hacia Castro para ir a casa de nuestros súper anfitriones: Marcela y Arturo.

Marcela es socióloga, en paro actualmente porque está embarazada de Aurora (o Lola para Arturo), aunque tiene su propio negocio de sushi a domicilio que cocina en casa. Arturo es psicólogo, trabajando en el campo de los derechos del niño. Son una pareja encantadora, interesante y con muchas ganas de ver mundo. De hecho, tienen el fantástico plan de comprarse una furgoneta, camperizarla y vivir de manera nómada recorriendo Latinoamérica. Su plan es hacerlo cuando Aurora tenga alrededor de 1 añito. Será una infancia increíble para ella. Deseamos que puedan cumplir su sueño y después de recorrer Latinoamérica, crucen el charco y nos puedan visitar en Europa.

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Al día siguiente, hicimos dedo para ver si algún coche iba a Cucao desde donde sale un bus a el Muelle de las Almas (también se puede coger el bus directamente desde las estación de Castro y te lleva directo, pero a nosotros la estación nos quedaba muy lejos). Un coche nos recogió y nos llevó hasta el cruce que llevaba a Cucao y allí cogimos el bus hasta el Muelle (9400 pesos/2 personas/ida y vuelta + 1000 pesos/persona para la entrada).
El bus te deja en la entrada del sendero que lleva al Muelle de las Almas. Desde allí hay que caminar por un sendero durante unos 30-40 minutos hasta llegar al muelle. Cuenta la leyenda que cuando una persona moría, llevaban su cuerpo al barquero que se encontraba en ese muelle, quien llevaba el cuerpo en su bote blanco hacia el horizonte y el cielo.
En el muelle estuvimos unos 20 minutos, observando, haciendo fotos, etc. Es un lugar muy relajarte y vale la prensa quedarse sentado allí por unos minutos, solamente para observar.
El autobús de vuelta estaba programado a las 14h, pero nos pareció muy tarde porque queríamos aprovechar la tarde y le pedimos al conductor si no había un bus de vuelta más temprano. Nos dijo que sí, que a las 13h salía otro y que podríamos coger ese, así que nos dimos prisa a caminar el sendero de vuelta para coger el bus. Al llegar a la entrada, llegó un bus pero no era de la misma compañía que el que habíamos cogido para la ida y no nos aceptó el billete de vuelta, así que tuvimos que esperar al bus de las 14h. Al llegar el bus, se lo dijimos al conductor, que porque nos había vendido un ticket de vuelta de su compañía diciéndonos que nos serviría para el bus de las 13h, pero el conductor se hizo el loco….así que nuestra recomendación es que no comentarios el mismo error que nosotros por ahorraros algunos pesos. Comprad solamente billete de ida y ya compraréis el de vuelta en el bus que os vaya mejor, se pueden comprar en el mismo bus.
Nuestro plan ese día era visitar Cucao pero como se nos hizo tarde, lo vimos desde el bus. Desde el mismo pueblo también se puede visitar el Parque Nacional Chiloé y hacer un trekking, que dicen que es muy bonito.

 

La verdad es que los paisajes de Chiloé son preciosos. Colinas verdes casi despobladas de casas, con solamente algunas casitas separadas por kilómetros. Se respira mucha calma y nos dio la impresión que estuvimos demasiado poco tiempo allí. Si podéis, como mínimo haríamos una semana allí, para poder recorrer toda la isla con calma. Nosotros solamente estuvimos tres días y no pudimos ver mucho, ¡pero volveremos!. Por la tarde, visitamos el pueblo de Castro. No es un pueblo con mucho encanto, pero es el centro neurálgico de Chiloé y hay que verlo. Nos impresionó mucho su iglesia, construida toda en madera, es súper bonita. Todas las iglesias de Chiloé están construidas íntegramente en madera y son realmente bonitas. Hay algunas incluso que están construidas sin clavos, las maderas están encajadas entre sí a presión. 16 de las iglesias de Chiloé están declaradas Patrimonio de la Humanidad desde hace unos años.
Os recomendamos coger un mapa en el punto de información y seguir la misma ruta que hace el tour gratuito. El cementerio y el mercado son también puntos interesantes que visitar.
Tras la caminata de todo el día, llegamos a casa y Marcela nos preparó una cena de sushi bueníiiiiisima. Aunque hay que decir que la cultura del sushi está un poco customizada en Chiloé al gusto de los locales. Marcela nos explicó que allí no les gusta el pescado crudo, así que no comen sushi tradicional. Se han adaptado al mercado poniéndoles pollo, queso Philadelphia, rebozando los makis o poniéndole mucho aguacate. El sashimi no lo quieren ver ni en pintura….¡lo que se pierden!.

 

El “sushi” lo acompañamos con una botella de vino chilena de 1’5l -enorme-.
Nuestro bus hacia Santiago salía al día siguiente a las 15h, así que aún nos quedaba una mañana para visitar algún lugar. Marcela y Arturo nos recomendaron ir a Dalcahue, un pueblito a unos 30min de Castro. Así que por la mañana, volvimos a dejar las mochilas en la consigna de la estación de Castro y cogimos el bus hasta Dalcahue. El pueblo se visita en un par de horas. Hay que ver el mercado artesanal situado en el puerto y el “mercado” de comidas. Una especie de recinto con puestos de comida tradicional donde los trabajadores del pueblo van a almorzar. Allí las señoras que trabajan lo hacen todo casero: amasan y hornean el pan, hacen empanadas o el tradicional Dalcahue. Nosotros aprovechamos y desayunamos allí. Nos comimos unas empanadas de manzana muy buenas.
De vuelta a Castro, comimos en un restaurante local y probamos la “cazuela”. Una especie de cocido que puede ser de ternera o de cordero. Es una sopa con verduras y maíz, una patata y un trozo de carne. Es una comida muy tradicional y muy rica, recomendamos probarla, ¡es muy barato!.

De allí cogimos el bus para Santiago. Un bus con asiento-cama (le llaman cabina) que nos costó 35€/persona. El viaje dura 18h y no dan cena, así que hay que llevársela. Por la mañana sí que te dan un café y un paquetito de galletas.

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Santiago

 

Llegamos a Santiago a las 8 de la mañana y nos fuimos directos a casa de nuestra nueva anfitriona de Couchsurfing, Bárbara. El piso de Bárbara estaba súper bien situado, en el barrio de Lastarria, a dos pasos del centro. Habíamos leído que a las 10 de la mañana empezaban tours turísticos por la ciudad de Santiago desde la Plaza de Armas, así que dejamos las mochilas y nos fuimos pitando para allá. Estos tours están organizados por una empresa privada llamada “Free tour” y tienen salidas a las 10 de la mañana y a las 3 de la tarde, todos los días de la semana. No cobran nada por el tour, el pago de los guías son las propinas de la propia gente. El tour dura aproximadamente 4 horas y vale mucho la pena, ya que el guía te va explicando muchísima historia y anécdotas. Durante el tour no entras a ningún edificio pero el guía va haciendo recomendaciones de dónde vale la pena entrar después del tour.

 

El tour empieza en la Plaza de Armas donde se encuentra la Catedral de Santiago, el Museo Nacional y la estatua de Pedro de Valdívia. Un regalo de los españoles a la ciudad de Santiago en el centenario de la su independencia de España. Pedro de Valdívia fue el militar que dirigió el proceso de colonización de Chile así que os podéis imaginar lo que les gusta a los Santiaguinos tener esa estatua allí…
Después se continúa por el Museo de Arte Pre-colombino (el guía nos recomendó entrar, aunque no tuvimos tiempo). El edificio del museo había sido antes la biblioteca de Santiago y anteriormente algo más, pero el edificio se cayó unas cuantas veces: terremotos, incendios, etc. Que hicieron que la biblioteca fuera trasladada a otro lugar.
Lo mismo pasó con el correctamente llamado Antiguo Congreso. el edificio fue una vez el Congreso pero tras varios desastres naturales, fue trasladado a otro lugar. Hoy sigue siendo del Gobierno pero lo utilizan para tareas administrativas. Hay que recordar que Chile es un país muy sísmico. El último gran terremoto que ocurrió en el país fue en el 2010, un temblor de más de 8 puntos en la escala de Richter. El epicentro del terremoto fue la ciudad de Concepción, en la que solamente se cayó un edificio, podéis imaginaros lo preparados que están. El guía nos dijo que todos los días hay un terremoto en algún punto del país. Pueden ser pequeños, casi imperceptibles, pero el suelo siempre está temblando. Delante del Antiguo Congreso se sitúa la Corte Suprema. La ruta siguió por la calle Morande hasta el Palacio de la Moneda, el edificio del Gobierno Chileno. Edificio famoso por ser donde murió el ex presidente Allende el día del Golpe de Estado liderado por Augusto Pinochet. A día de hoy no se sabe con exactitud la causa de la muerte de Allende. La versión oficial es que se suicidó, otros dicen que lo mataron y otros que fue un suicidio asistido (un miembro de su seguridad privada lo ayudó). Sea como fuere, es un edifico es un emblema.

 

También nos explicaron que la Presidenta de Chile, Michelle Bachelert, no vive en el Palacio de la Moneda (ni ella ni ningún presidente). El Palacio es su ligar de trabajo, pero ella tiene su residencia privada.
Continuamos por la Avenida libertador O’Higgins y la calle Nueva York (desde la esquina se puede observar la Universidad de Chile) hasta llegar a la Bolsa de Comercio.
La ruta se dirigía hacia el barrio de Lastarria, un barrio con muchísimos bares, restaurantes, galerías de arte, tenderetes de artesanía, etc. Es el barrio de moda de Santiago. Pasamos por delante del Teatro Municipal y rodeamos el Cerro Santa Lucía, una colina situada en medio de la ciudad de Santiago, un parque que ejerce como uno de los pulmones – en este caso pequeño – de la ciudad. En el barrio de Lastarria nos paramos a comer algo. Como dijimos, en este barrio se puede encontrar todo tipo de comida pero nosotros, como buenos adictos, volvimos a optar por la empanada. Continuamos por la calle Rosal, donde se encuentra el MAVI – Museo de Artes Visuales -. Seguimos por el Parque Forestal, un bonito parque para hacer un picnic, con mucho césped y buenas sombras hasta la Plaza Italia. Se llama así porque hay un monumento que regaló Italia a la ciudad de Santiago en el centenario de la independencia de Chile. En el parque también se encuentra el Museo de Bellas Artes.

 

Cruzamos el río Mapocho y llegamos al barrio Bellavista. Un barrio con 2 partes muy distintas: una residencial, con bonitas y grandes casas, y otra con naves industriales, bares y restaurantes para obreros y calles descuidadas. Curioso que en un mismo barrio la diferencia sea tan grande. Subiendo por la calle Constitución llegamos a la casa de Pablo Neruda, que hoy también es un museo. Neruda tenía tres casas en Chile: la de Santiago, una en Valparaíso y una en Río Negro (que era la favorita de Neruda). El guía nos explicó algunas curiosidades sobre el ganador del Premio Nobel del Literatura. Neruda era un tipo muy bohemio que le gustaba mucho disfrutar de la vida, las mujeres, y le gustaba el buen comer aunque no probaba el alcohol. Un dato curioso es que el mar era su punto débil en todos los sentidos. Adoraba el mar y todo lo relacionado con él. Sus casas están llenas de objetos relacionados con el mar, los puertos, la pesca, etc. Y su casa de Santiago es de color azul. Sin embargo, el mar le daba pánico. No sabía nadar y le tenía un miedo tremendo. Es curioso cómo se puede amar y tener fobia a algo al mismo tiempo. La casa de Neruda en Santiago se llama La Caschona, que es como Neruda llamaba a la que decía que era su amor verdadero, su última mujer (tuvo varias) y con la que estuvo 30 años. Chascona hace referencia al pelo de su mujer, que era rizado y encrespado. 

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Después del tour fuimos a visitar por nuestra cuenta el Mercado, donde se puede comer y comprar pescado. También hay puestos de fruta y verdura a muy buen precio en el exterior. Y fuimos a visitar la famosa Piojera. Un bar de ambiente y estética muy local, aunque hoy es un punto imprescindible en la ruta turística de Santiago. En la Piojera pedimos el plato y la bebida típica del local. Para comer pedimos una “chorillana”, es un plato con una montaña de patatas fritas, carne picada, cebolla y dos huevos fritos encima. Un plato de gordaco que le encanta a todo el mundo. Importante: una ración para dos es más que suficiente. Para beber, pedimos 2 bebidas típicas, el famoso “terremoto” una mezcla de vino blanco, helado de piña, licor y granadina y un “borgoña”, vino tinto mezclado con fresas caramelizadas. Os recomendamos el terremoto, que estuvo bien bueno, el borgoña sabe a sangría.
De vuelta a casa, paseamos por el Paseo Ahumada, es la calle central de compras del centro de Santiago.

 

Al día siguiente, nos pasamos la mañana entera buscando un lugar donde reparar nuestro disco duro, que se nos había estropeado. No tuvimos éxito. Tras comer cerca del metro Pedro de Valdívia, nos pusimos camino del cerro San Cristóbal. Para subir al cerro hay varias opciones: andar, coger el teleférico por la entrada de Pedro de Valdívia Norte o una cremallera (llamado funicular aquí) por el lado de la calle Pío Nono 450. Para bajar, exactamente lo mismo. Nosotros decidimos subir en teleférico y bajar caminando. El precio varía según el medio que cojas y si solamente subes o si subes y bajas. En total cuesta entre 1000 y 2000 pesos.
Las vistas desde el teleférico valen mucho la pena ya que se puede ver claramente las diferencias arquitectónicas según el barrio de la ciudad y sobretodo, la diferencia entre vivir a un lado del cerro San Cristóbal o del otro. De un lado del cerro, en el que se encuentra el centro de la ciudad, se pueden ver edificios altos de oficinas, de viviendas, el estadio de fútbol, zonas verdes, plazas, etc. Pero solamente hace falta girar la cabeza y ver el otro costado del cerro: una extensión de kilómetros de casas bajas, construcciones mediocres, amontonadas unas a lado de las otras. La “zona humilde” la llaman…..
En lo alto del cerro hay un mirador, un restaurante y una virgen de la Inmaculada gigante donde muchísimos peregrinos van a dejar objetos en señal de agradecimiento por algún tipo de “milagro”. En el cerro también se pueden ver muchos ciclistas, y es que es una zona muy bonita para subir y bajar en bicicleta. Tras hacer algunas fotos desde el mirador, empezamos a bajar poco a poco dirección a la entrada principal en Pío Nono, el lado contrario por el que habíamos entrado. Nos tomó unos 45-50 minutos bajar.

 

Al llegar abajo, aprovechando que estábamos cerca, fuimos a una tienda llamada “Gangas”. Nos habían dicho que allí podríamos encontrar tiendas de campaña muy bien de precio. Como ya dijimos en algún post anterior, en Chile es muy habitual viajar con tienda de campaña y acampar, y sobretodo es mucho más económico. Encontramos una tienda para dos personas, de 4 estaciones (importante, por el tiempo de toldo que llevan, tiene que ser resistente a la lluvia) por alrededor de 60 euros. Pensamos que sería una buena inversión, solamente con la diferencia de precio de camping a hostel, en 4 noches la tendríamos amortizada.
Por la noche, quedamos para cenar con Fernando, un primo del padre de Tolo que lleva 15 años viviendo en Santiago. Nos llevó a cenar a el Formentera, un restaurante español de tapas y comidas tradicionales españolas regentado por Vicente, de Madrid. El restaurante está situado muy cerca de la parada de metro Los Leones.
Nos volvimos a casa en Uber, que en Chile tampoco es legal al 100% pero se utiliza mucho. Nuestro vuelo hacia Isla de Pascua salía a las 6 de la mañana así que a las 4h teníamos que coger de nuevo un Uber hacia el aeropuerto.

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Isla de Pascua / Rapa Nui

 

Más conocida como Isla de Pascua (nombre que recibió al ser descubierta por los holandeses en el día de Pascua), Rapa Nui es una isla maravillosa. Solamente estuvimos 4 días en la isla, pero disfrutamos muchísimo.
El billete de avión desde Santiago nos costó 450 euro/persona, ¡¡una verdadera ganga!! Normalmente los precios oscilan entre 800 y 1200 euros, sobretodo en temporada alta – Enero y Febrero -. Empezamos a mirar los billetes con unos siete meses de antelación y con unas fechas cerradas, y los billetes salían por unos 670 euros. La estratégia de esperar y mirar si bajan no sirve para nada ya que solo hay una compañía operando ese vuelo y los precios solamente subirán. Lo mejor que puedes hacer para conseguir vuelos baratos a Rapa Nui es no tener fechas fijas. Nosotros fuimos haciendo combinaciones de ida y vuelta hasta que nos salió un precio de 450 euros y compramos enseguida. Unos días después, volar durante las mismas fechas ya costaba el doble.

 

El vuelo hasta Rapa Nui dura unas 5 horas. Nosotros tomamos el primer vuelo de la 6am, así que tocó pegarse un buen madrugón. En el avión os dan de desayunar así que no os preocupéis por eso. Al salir del aeropuerto de Rapa Nui, nos encontramos con el pick up del camping que nos venía a recoger y nos llevó hasta el camping Mihinoa. Todos los alojamientos ofrecen ese servicio, ya que no hay transporte público en la isla. El camping nos costó 6500 pesos chilenos/noche, aunque al llegar habían subido el precio a 7000 CLP, pero al haberlo reservado con tiempo nos dejaron la tarifa anterior. Tiene internet en la sala común (lento si hay mucha gente). Tiene agua caliente (en la teoría, Gisela se duchó en diferentes momentos del día y siempre la pilló fría. Te dicen que va con energía solar y se puede terminar), una cocina muy bien equipada y limpia, enchufes en la sala común para cargar los aparatos electrónicos, una buena ubicación a unos 15 min andando del pueblo y delante del mar con unas vistas a la puesta de sol excelentes. Es el alojamiento más barato de la isla, así que si tenéis que vigilar vuestro presupuesto no es una mala opción.
El primer día lo dedicamos a instalarnos en el camping y a pasear por la única ciudad de la isla: Hanga Roa. Podríamos decir que es más un pueblo que una ciudad ya que es muy pequeño y fácil de recorrer. Cuando uno empieza a recorrer Hanga Roa y a hablar con sus habitantes, se da cuenta de que quizás sobre el papel Rapa Nui partenece a Chile, pero es un país totalmente diferente. Es la Polinesia.

 

Mantienen su lengua propia, sus tradiciones, danzas, religiones y su cultura es totalmente diferente y muy lejana a la chilena. En Rapa Nui hay bastantes chilenos que vienen a trabajar en temporada alta pero cuando paseas por Hanga Roa es fácil diferenciar a esos chilenos de los locales solamente mirándolos a la cara. La gente de Rapa Nui tiene los rasgos de la Polinesia: tez más oscura y ojos rasgados, buena forma física y cabello muy oscuro, normal,ente los hombres llevan el pelo largo y recogido. Por toda la isla se ven pancartas que reivindican la independencia de Rapa Nui de Chile. No sabemos por qué pero esa cultura y ese aire de la Polinesia nos atrapó, y mucho. Hanga Roa tiene su encanto y merece la pena pasear una tarde parando en sus tiendas, paseando por sus calles sin asfaltar y disfrutar de la naturaleza que rodea la ciudad. El cementerio también es un lugar muy interesante que visitar.

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En cuanto a los recorridos y excursiones por la isla, hay infinidad de opciones y empresas. Tras consultar y leer un poco nos decantamos por alquilar una moto y descubrir la isla por nuestra cuenta. Pactamos un precio de 20’000CPL por 24h y decidimos ir a buscarla al día siguiente a las 8pm de la tarde. Al ir a buscarla un sábado por la tarde, había que devolverla el lunes a primera hora ya que el domingo estaba cerrado. De esta manera ganábamos unas horas de moto gratis y teníamos dos oportunidades para ver el amanecer en Ahu Tongariki .

 

Al día siguiente, nos levantamos a las 9am y una hora después salimos dirección a nuestra primera excursión: visitar el volcán Orongo. Se puede subir en bus con un tour o subir andando (nuestra opción preferida). Desde el camping, hay aproximadamente 1:30h de subida. Importante llevar buen calzado, crema solar, gorra y agua. Hay que tener en cuenta que, antes de hacer ninguna excursión o visita, hay que comprar la entrada al Parque Rapa Nui (que es toda la isla….). El precio de la entrada son 40’000 pesos chilenos -en cash- y dura 10 días.
Al llegar al cráter del volcán Orongo, el paisaje es impresionante, sobretodo si no has visto el interior de un volcán en tu vida. Allí estuvimos un buen rato, disfrutando de las vistas, tomando fotos y después nos dirigimos hacia el museo al aire libre, donde se explica detalladamente la importancia del lugar. Allí se realizaba la competición del hombre-pájaro, ritual que servía para decidir quién gobernaba la isla en los próximos años. Consistía en lo siguiente (resumido): cada tribu elegía a un representante y el día que los pájaros Manutara llegaban al islote Moto Nui, los representantes tenían que bajar corriendo desde Orongo y saltar al mar para nadar hasta el islote situados
a más de un kilómetro de Rapa Nui donde estos pájaros iban a poner sus huevos. El objetivo era coger un huevo de pájaro, volver nadando hasta Rapa Nui, subir escalando hasta Orongo y llegar sin que el huevo se rompiera. Quien llegaba primero con su huevo intacto, ganaba y su clan pasaba a gobernar la isla (elegían a un líder del clan).

Si queréis entender este rito y la cultura Rapa Nui os recomendamos la película “Rapa Nui”, no es un peliculón pero explica muy bien como vivían las tribus, sus ritos, sus guerras, cómo se construyeron y transportaron los Moais y cómo se produjo el declive de la cultura Rapa Nui.
Cuando terminamos la visita a Orongo, teníamos que bajar otra vez hasta el pueblo, pero como hacía mucho calor, decidimos probar suerte con el autostop y una pareja de ingleses nos recogió y nos llevó hasta el pueblo. Fuimos hasta el hostel para comer y descansar ya que a las 4:15pm teníamos sesión de buceo.
Las inmersiones de buceo son las mismas en todos los centros: ir a visitar el Moai sumergido alrededor de coral o ir a visitar una zona de corales. Las inmersiones cuestan unos 35-40mil pesos. Nos decidimos por el centro de buceo Mike Rapu y por la inmersión del Moai sumergido, que duró unos 40min. La inmersión nos decepcionó un poco, no hay mucha vida marina y se ven muy pocos peces. Ver el Moai sumergido es chulo, pero hay que saber que no es un Moai original, está hecho hace unos años y lo pusieron allí expresamente para que los turistas fuéramos a verlo. Si vuestro viaje se limita en ir a Rapa Nui, entonces puede ser entretenido como una actividad más. Pero si tenéis que seguir vuestro viaje, mejor guardaros el dinero para hacer una inmersión en otro lugar mejor.

 

Terminada la inmersión fuimos a pasear un rato por el pueblo y cuando pasamos por delante de un gimnasio escuchamos una música y gente bailando. La pareja inglesa que nos había recogido en autostop nos explicó que habían visto un ensayo de baile Rapa Nui en un gimnasio, así que entramos a mirar. Increíble, ¡una de las mejores experiencias que tuvimos en la isla!. Había unos 100 jóvenes entre 20 y 30 años bailando, todos al mismo son y al ritmo de la música tradicional, que tocaba un grupo en directo. Las chicas hacían un tipo de pasos y los chicos otros, pero siempre coordinados entre ellos. La música y los movimientos del baile de estilo polinesio eran maravillosos. Estaban ensayando para el festival Tapati Rapa Nui que era en pocos días y que nos hubiera encantado ver, pero los billetes para esos días no bajaban de los 1400 euros por persona… Estuvimos allí sentados, con la boca abierta durante unos 45min y sin duda os recomendamos que lo veáis si tenéis la oportunidad. Estaba prohibido hacer fotos, así que no os podemos enseñar cómo es, tendréis que ir para verlo. Si preguntáis os dirán los horarios de los ensayos.
A las 19:30h nos fuimos par recoger la moto y nos dirigimos al hostel para cenar, descansar e ir a dormir.

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El tercer día nos levantamos a las 6am para ir a ver la salida de sol en Ahu Tongariki, pero estaba lloviendo a cántaros y decidimos probar suerte al día siguiente, así que volvimos a dormirnos. A las 9am ya estábamos listos para coger la moto y empezar el recorrido por la isla.
El recorrido por la isla fue maravilloso, la isla es muy verde y hay muchos animales salvajes, sobretodo caballos. Visitamos todos los puntos donde había Moáis (hay que decir que cuando ya has visto el quinto Moai, los ves todos iguales), pero el punto que más nos gustó fue el Rano Raraku, que es la cantera donde se creaban los Moáis. Allí aún se pueden ver Moáis que se quedaron a medias, están tallados en la roca, pero no están terminados ni extraídos. También puedes ver Moáis rotos, a medias, o simples cabezas que no llegaron a utilizar. A la mitad de nuestro trayecto, fuimos a comer a la playa de Anakena, la única playa que hay en la isla. Es una playa paradisíaca, con arena blanca y agua azul turquesa. Siempre he preferido las playas del Pacífico a las del Caribe, aunque lo que es la playa es bien parecida, las del Pacífico siempre mantienen ese aspecto salvaje alrededor.
La verdad es que el tour en moto fue muy bonito, recomendamos hacer la isla por libre así, la disfrutareis mucho más.

 

El cuarto día en la isla nos volvimos a levantar a las 6am para ir a ver salir el sol en Ahu Tongariki. Al despertar, vimos que estaba nublado pero era nuestra última oportunidad. Nos subimos a la moto y a los pocos minutos de estar conduciendo, empezó a llover pero no nos detuvimos. Al llegar a Ahu Tongariki había parado de llover, nos sentamos delante de los Moais y preparamos la cámara de fotos y la GoPro. Salimos del camping a las 6.30h y llegamos a las 7.00h. El espectáculo empieza hacia las 7.20h. Poco a poco las nubes negras fueron dejando paso a un cielo azul intenso y las nubes se fueron clareando a la vez que se iban tiñendo de rosa. Empezó poco a poco a asomar el sol entre los Moáis, llenando el cielo d colores y regalando una imagen que queríamos que no terminara nunca. Sobre las 7.50h el sol ya estaba bien arriba.

 

Después de ver la salida del sol, nos subimos a la moto y fuimos a devolverla. Este último día nos lo tomamos de relax, descansando en el camping y paseando por la ciudad. A las 21h fuimos a ver un espectáculo de danza tradicional. El precio es de 20’000 pesos y dura una hora. Hay varios grupos de danza, nosotros nos decidimos por uno que tiene música en directo con instrumentos modernos y va acompañado de una danza tradicional. El espectáculo es interesante de ver y el grupo musical es muy bueno, pero creemos que el precio es excesivo. Es una actividad muy preparada para los turistas y a Gisela no le gustó demasiado. Disfrutamos muchísimo más con el ensayo en el gimnasio, eso sí que fue un espectáculo.

La última mañana en Rapa Nui la dedicamos a preparar la maleta, desmontar la tienda y dirigirnos al aeropuerto. El camping ofrece un servicio de transfer gratuito que nos dejó en la puerta de la terminal. El aeropuerto es muy pequeño así que no hace falta llegar muy pronto.

Aquí os dejamos un vídeo resumen de nuestros 4 días en Rapa Nui. ¡Disfrutad!.

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Rapa Nui / Isla de Pascua

Valparaíso

 

De regreso de Isla de Pascua, teníamos un día más para estar en Santiago, pero como ya lo habíamos visto casi todo, decidimos pasar el día en Valparaíso, que todo el mundo nos recomendaba.
Aterrizamos en el aeropuerto de Santiago a las 19h y desde allí cogimos un bus hacia la estación de Los Pajaritos (1800 pesos/persona) desde donde salía el bus hacia Valparaíso. Llegamos allí en unos 30 min. Un vez en Pajaritos, cogimos un bus de 1:30h de trayecto (3000 pesos/persona). Nos habían recomendado un hostel justo al lado de la estación, y como llegábamos tarde y teníamos que salir pronto también desde la estación 2 días después, decidimos quedarnos allí. El Muffin Hostel cuesta 7000 pesos por persona (muy barato) en habitación compartida con 10 personas, y tiene el desayuno incluido. Es un hostel amplio, limpio y con agua caliente (qué más podíamos pedir!). El hostel solamente tiene una pega: una de las habitaciones da a la calle, en la cual todos los días hay un mercado (también en las calles colindantes, es muy grande). El mercado abre muy pronto y hacia las 4 de la mañana ya empiezan a llegar y a descargar camiones de fruta y verdura. Si te vas a hospedar en ese hostel te recomendamos que pidas una habitación interior o que lleves unos tapones.

Descubrimos que en Valparaíso (Valpo para los locales) también se ofrecían tours gratuitos por la ciudad así que decidimos tomar uno. La empresa “Tours 4 tips” ofrece tours todos los días a las 10h de la mañana y a las 15h y salen de la Plaza Sotomayor. Los tours son diferentes y complementarios entre sí, así que decidimos hacer los dos. Los guías van vestidos con una camiseta de rayas rojas y blancas como la de Wally, así que son fáciles de distinguir. Como siempre, el precio de estos tours es la propina que tú le quieras dar al guía (aunque ellos siempre sugieren una cantidad).

 

El tour de la mañana recorre lo que le llaman “el Valpo alternativo”. No visitas el centro y los puntos turísticos más habituales, si no que recorres la parte alta de la ciudad, la zona más alejada. Desde la Plaza Sotomayor nos desplazamos al Mercado Puerto, desde donde cogimos un bus para subir a la Plaza Bismark, donde hay un mirador con unas vistas completas de la cuidad. Luego fuimos bajando poco a poco por la calles repletas de graffities hasta llegar al Parque Cultural de Valparaíso. Se trata del edificio y patio de la antigua cárcel, que renovaron y habilitaron como centro cultural y ahora los artistas pueden alquilar espacios (las antiguas celdas) para tener sus talleres. Hay exposiciones permanentes y gratuitas todo el año, así como proyecciones y piezas de teatro.
Cercanos a la antigua cárcel, se encuentran los cementerios 1 y 2. El Cementerio número 1 es un cementerio exclusivamente para gente local, mientras que el número 2 (también llamado Cementerio de los Disidentes) era el cementerio de los inmigrantes (mayoritariamente germanos). Continuamos bajando por calles llenas de murales y arte callejero. Valparaíso es una de esas ciudades un poco sucias y descuidadas, pero ésto mismo hace que tenga un punto underground que te enamora un poco (al menos a nosotros). O la amas o la odias, pero nunca deja indiferente.
El tour de la tarde fue un poco más flojo. Visitamos el puerto, plazas, iglesias (anglicanas, luteranas y cristianas) y recorrimos pequeñas callejuelas con bastante encanto. En resumen, lo mejor de Valparaíso son sus calles. No tiene mucho monumento ni plazas espectaculares. Lo mejor es perderse por sus callejuelas de colores, llenas de subidas y bajadas con casas con murales con mucho arte.

De camino al hostel compramos algo de fruta y verdura en el mercado y cocinamos allí. También cocinamos un tupper con comida para el día siguiente, ya que nuestro vuelo salía a las 12:40h del mediodía y tendríamos que comer en el avión.
Si algo me ha enseñado mi experiencia con mis viajes de trabajo es que, si quieres ahorrar dinero, el último lugar donde tienes que comer es en un aeropuerto, los precios son aproximadamente el triple que en la calle.
Cogimos el bus a las 8 de la mañana en la terminal dirección a Los Pajaritos, donde cogeríamos el bus que nos llevaría al aeropuerto para coger nuestro vuelo dirección San Pedro de Atacama.

Algo que nos llamó mucho la atención de Chile es que TODO el mundo te repite muchísimas veces: id con cuidado con la cámara, vigila el monedero, no saques el teléfono en medio de la calle, si alguien te pide la hora no respondas y sigue caminando, etc. Te meten una inseguridad en el cuerpo que no veas, y la verdad, no nos ha pasado nada. En todo el tiempo que llevamos de viaje, tanto en Argentina como en Chile hemos estado bien tranquilos. Obviamente vamos con cuidad con nuestras cosas pero en ningún momento nos hemos sentido inseguros o incomodados por nadie. Pero bueno, todas las advertencias sirven para que al menos estés en guardia.

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San Pedro de Atacama

 

– Cómo llegar:

Viajamos en avión y aterrizamos en el Aeropuerto de Calama alrededor de las 16h. Para ir hasta San Pedro de Atacama hay muchísimas empresas de transferencia que te llevan por aproximadamente 12000 pesos/persona (diciendo que no, nos llegaron a ofrecer el trayecto por 9000 pesos) o también hay un servicio de bus por 8000 pesos. La ventaja de los transfers es que te dejan en la puerta de tu hotel, mientras que el bus te deja en la terminal de autobuses. Como nuestro camping estaba justo al lado de la terminal, decidimos coger el bus.
También se puede realizar el viaje desde Santiago directo a San Pedro con TurBus.

 

– Alojamiento:

Dormir en San Pedro es muy caro. Sin embargo, está lleno de alojamientos de todo tipo, desde hoteles hasta camping pasando por hostel sanitario y albergues. El precio de los hostel estaba a partir de 20’000 pesos/persona/noche y el de los camping a unos 13’000. Buscando por internet, conseguimos dar con el Camping Quilcay, que costaba 6’500 pesos/persona/noche, un precio muy por debajo del resto de alojamientos del pueblo. En internet encontramos buenas opiniones y la única pega era que no tenía wifi ni agua caliente (pero estando en medio del desierto, creímos que sería soportable, el precio valía la pena) así que reservamos allí.
Llegamos al camping, plantamos la tienda y nos fuimos directos al pueblo a informarnos sobre las excursiones, alquileres de bicicletas, etc.

 

– Tours y excursiones:

Inicialmente, la idea era hacer el máximo posible por libre. Alquilar unas bicicletas y recorrer el máximo que pudiéramos sin tener que pagar por un tour organizado, pero la cosa es un poco más complicada de lo que parece.
Queríamos ir a ver el Valle de la Luna por libre y hacerlo en bicicleta es posible, sin embargo, las excursiones ofrecen el regreso a las 21h, para poder ver la puesta de sol en el desierto. Si lo haces en bicicleta, no puedes ver la puesta de sol ya que, cuando se va la luz, no hay farolas en el desierto.
La excursión de los Geysers hay que hacerla con tour sí o sí. Se tarda unas 2 horas en coche en llegar y el transfer te recoge a las 4:30h de la mañana para que puedas verlos en su máximo esplendor.
Total, que si teníamos idea de hacerlo todo por libre, salimos de la agencia de tours con excursión al Valle de la Luna + excursión a los Geysers + salida astronómica + tour de 3 días al Salar de Uyuni en Bolivia (este ya estaba previsto con anterioridad). Nos esperaban unos cuantos días de arroz y pasta para recuperar nuestra estabilidad económica. Los precios son muy parecidos en todas las agencias, pero si coges varias excursiones, te hacen precios de “pack”. Tras visitar varias agencias, nos decidimos por Skyline, ya que la señora que nos explicó todo fue muy sincera y nos dio mucha confianza. En esta agencia, hacen packs de 3 excursiones por 70’000 pesos/persona y el tour de 3 días al Salar de Uyuni costaba 110’000 pesos /persona incluye 2 noches de alojamiento y 3 comidas al día). Tras un poco de negociación, conseguimos el tour + 3 excursiones por 145’000 pesos/persona.
Esa noche cenamos en una pizzería buenísima, llamada Casa de Piedra. Sirve unas pizzas de masa fina, muy buenas y de buen tamaño por unos 8000 pesos. Y tiene wifi.
La primera excursión que teníamos programada al día siguiente era la del Valle de la Luna y, como salía por la tarde, dedicamos la mañana a visitar el pueblo.

 

– San Pedro de Atacama:

 

San Pedro es un pueblo muy pequeño, pero muy turístico. Este hermoso poblado debe su nombre al Santo Patrono San Pedro, y la palabra Atacama, según cuentan sus ancestros, proviene del idioma Cunza “Accatchca” que significa “Cabecera del país”. Esta palabra con el tiempo fue sufriendo modificaciones hasta llegar a la pronunciación de hoy. San Pedro de Atacama fue conquistado por los incas en 1450 y luego por los españoles en 1540, constituyéndose el Cabildo en 1555.
La plaza del pueblo – hay wifi – es sin duda uno de los atractivos de La Capital arqueológica de Chile, nada mejor que ver pasar el tiempo bajo sus enormes pimientos o moles, árboles que te refrescarán en las tardes de verano. A un costado de la plaza encontramos la Iglesia de San Pedro de Atacama, sin duda una de las más hermosas del norte de Chile. No se conoce sus fecha de construcción, sin embargo ya funcionaba como parroquia en 1641; en 1951 fue declarada Monumento Nacional. Para su construcción se utilizó Adobe en sus paredes y madera de Cañar y algarrobo, paja y barro en sus techos, los cuales fueron revestidos con madera de cactus. Frente a la plaza encontraremos la Municipalidad de San Pedro de Atacama, carabineros (policía), el correo y SERNATUR (oficina de información turística). El casco histórico todavía conserva la estructura y construcción de la influencia de la colonia española, antiguas casas pareadas con patios interiores, construidas en Adobe con techos de paja y barro. Sus calles de tierra han sido tratadas con vi chúfate, un producto derivado del salar que permite conservar la estética original, ocasionando una menor polución. Es un lugar curioso de ver si no se ha estado antes en ningún pueblo en medio del desierto. Eso hace que todo el pueblo sea de un color marrón rojizo, tanto calles como casas, del mismo color que la arena del desierto. Mires hacia donde mires, la paleta cromática siempre es de la misma tonalidad. DSu calle principal “Caracoles” debe su nombre a que antiguamente desde este punto partían grupos de mineros a trabajar en la Mina de Plata Caracoles, descubierta en 1870 por Díaz Gana. Hoy en día, está calle peatonal esta provista de restaurantes, agencias de turismo y almacenes que dan la bienvenida a turistas de todo el mundo. Toda la actividad se centra en esta calle que cruza todo el centro del pueblo. En las calles perpendiculares también se pueden encontrar algunas agencias y restaurantes, pero menos.
Después de pasear, fuimos a la pizzería donde habíamos cenado la noche anterior para aprovechar del wifi con buena velocidad para cargar fotos y publicar en el blog. Dos coca-colas nos sirvieron para aprovechar casi 3 horas de wifi gratis.

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– Tour al Valle de la Luna:

 

A las 16h nos encontramos delante de la agencia para coger el minibús que nos llevaría al Valle de la Luna. Es gracioso ver cómo a esa hora todos los turistas se aglomeran delante de las agencias y la calle Caracoles se llena de vans y minibuses para llevárselos a todos. En un período de 30 minutos, ya no queda nadie en esa calle. En el minibus íbamos unas 12 personas y una guía francesa de unos 50 años. En unos 25 min ya estábamos a las puertas del Valle de la Luna (entrada 3’000 pesos/persona). Hicimos la primera parada para caminar unos 20 minutos. El paisaje sorprende muchísimo, las extensiones de arena, salpicadas con el color blanco de la sala, dan la sensación de estar en la superficie lunar. Subimos hasta la Gran Duna, situada a una altitud que ofrecía unas magníficas vistas del valle. Estuvimos tomando fotos y escuchando explicaciones de la guía. Este valle se encuentra en plena Cordillera de la Sal y en el borde del Salar de Atacama, formado hace más de 22 millones de años, cuando se originaron formaciones y pliegues de capas de sedimentos horizontales de un antiguo salar, que convergieron en forma horizontal debido a constantes movimientos y plegamientos de la corteza terrestre. Sobre esos pliegues se depositaron fracciones de rocas y cenizas debido a la actividad volcánica de antaño. Hoy en día está constituido por rocas sedimentarias con intercalaciones de sal, yeso, clorato, borato y arcilla. La verdad es que nos hubiéramos quedado más rato contemplando el paisaje. La siguiente parada fue en la roca llamada Las Tres Marías, uñas afiladas crestas de roca que brotan desde el suelo, y que están compuestas por granito, arcilla, cuarzo y gemas. El nombre se lo puedo el párroco de San Pedro de Atacama en su primera visita, con mucha imaginación se puede ver la silueta de María en tres posiciones diferentes. Ésta es la parada más prescindible de todo el tour.

Después nos dirigimos hasta una especie de gruta que iba cruzando un sendero estrecho entre grandes paredes y se iba introduciendo en cuevas en las que no se veía nada (recordad llevar una linterna o el móvil). Estuvimos recorriendo la gruta durante una media hora y nos encantó, sin duda no os lo podéis perder.
La última parada un mirador con vista panorámica a la cordillera de la sal. El paisaje no parece tener fin, sorprenden las diversas formaciones arenosas y rocosas que adquieren diversas siluetas. El viento y la acción de otros agentes atmosféricos han rallado formas escultora as con crestas filosas, montículos y agujeros que lo transforman en un paisaje extraordinario. La ausencia de vida animal y vegetal y la falta de humedad, lo hacen ser uno de los rincones más inhóspitos de la tierra.
Justo sobre el barranco del mirador, sobresale de éste, la famosa roca del coyote. Hasta hace poco se podían tomar fotos encima de la piedra pero el paso de tantos turistas la ha perjudicado y ya no es posible. Nos quedamos en el mirador unos 45 min para poder ver la puesta de sol. Aprovechamos el tiempo para tomar fotos de las espectaculares vistas y nos sentamos a contemplar el paisaje. El cielo estaba muy nublado y no pensábamos que veríamos la puesta de sol pero justo al final unos rayos de sol surgieron entre las nubes y empezaron a teñir todo el cielo de color rojo dejándonos una postal preciosa. Terminada la puesta de sol volvimos al bus y nos encontramos que el resto de turistas estaban esperando en el bus hacía 15 minutos porque, como estaba nublado, pensaban que no verían nada y se perdieron una bonita puesta de sol. Subimos al bus y volvimos al pueblo. Consideramos visitar el Valle de la Luna durante un día en bici por cuenta propia, ésto puede ser buena opción ya que permite ir con más calma, pero lo malo es que no podrás ver la puesta de sol porque en la carretera no hay ni una sola luz para poder volver. Llegados a San Pedro de Atacama fuimos directos a dormir para poder estar descansados al día siguiente y poder disfrutar de la excursión de los Géiseres el Tatio.

 

– Tour Geysers del Tatio:

 

A las 4.30am estábamos puntuales en la puerta del camping esperando a que nos vinieran a recoger para ir a ver los Géiseres el Tatio. El guía de la excursión nos pasó a buscar a las 4.40am y fuimos a buscar al resto de los turistas a sus respectivos hoteles. Cuando ya estábamos todos nos dirigimos hacia el parque de los Géiseres que está a una hora de San Pedro de Atacama así que aprovechamos para dormir. A las 5.30 llegamos a la entrada del parque de los Géiseres y pagamos la entrada al parque nacional que cuesta 10’000 pesos/persona. La temperatura a esa hora es cercana cero grados así que combine ir muy abrigado. La excursión se hace a esa hora ya que, al estar la temperatura más baja, se puede observar mucho mejor el vapor que sale de los geysers debido al contraste de temperatura.
En el horizonte, se ven las columnas de vapor emanando desde la tierra. Conducimos unos 5 minutos más hasta un par quina donde nuestra guía Carolina nos preparó un desayuno antes de empezar la caminata por los geysers. Nos encontramos a 4’320 metros sobre el nivel del mar.
El Tatio significa “El viejo que llora” en quechua y se llama así por una montaña que tiene forma de la cara de un viejo llorando. El Tatio es el tercer campo de geysers más grande del mundo. Las erupciones de agua alcanzan grandes alturas, y son producidas debido a que bajó del lugar convergen aguas subterráneas sobre un campo de lava, y que al mezclarse producen las enormes columnas de vapor y gases que son expulsados por fisuras en la tierra, superando en ocasiones los 10 metros de altura. Este campo geotérmico está formado por 40 geysers, 60 termas y 70 fumarolas en una extensión de 3 km2.

Paseamos por el corrido durante unos 35 minutos y tomamos fotos sin parar, ¡aya espectáculo!. El paisaje del parque está rodeado de montañas y repleto de geysers que no paran de sacar vapor y agua hirviendo sin parar.
La siguientes paradas en teoría eran una piscina termal y un pueblo llamado Machuca donde se puede comprar carne de llama para comer (según nuestra guía es un timo, es carne de vaca condimentada). Sin embargo, nuestra guía nos planteó un plan alternativo fuera de las guías, para visitar otros geysers y un sendero muy bonito que ella conocía. Democráticamente elegimos el plan alternativo. Tardamos unos 30 min en coche hasta llegar al destino y cuando llegamos, nos encontramos con un paisaje que parecía sacado de una peli de dinosaurios: montañas, tierra color roja y agujeros inmensos con agua y lodo hirviendo, sacando vapor sin parar. En este punto estábamos a una altitud de más de 4500 metros de altura y teníamos que ir con cuidado, caminar lentamente, no agacharnos y no hacer grandes esfuerzos. Hasta el momento no nos había afectado el mal de altura pero allí se notó un poco, cada diez metros teníamos que parar a descansar y beber agua ya que notábamos la falta de oxígeno al hacer el esfuerzo de subir. Estábamos completamente solos, sin más turistas a nuestro alrededor y pudimos disfrutar del paisaje y de los geysers incluso más que en el Tatio.

Terminada la parada, y después de 30 min más en coche, Carolina – nuestra guía – se paró en medio de una subida en el camino, y dio media vuelta. Con el coche en bajada, paró el motor y nos preguntó si estábamos preparados para algo sorprendente. Quitó el freno de mano y el coche, completamente parado, empezó a ascender marcha atrás la subida. ¡Nos quedamos flipando! . Nos explicó e mos encontrábamos encima de un campo magnético y que hacía un efecto imán con el coche. Alucinante…. Llegamos a nuestro nuevo destino, llenos de incógnita nos bajamos y empezamos a caminar siguiendo a Carolina. De pronto, nos encontos inmersos en un acantilado de rocas, rodeados de paredes enormes y de cáctus que superaban los siete u ocho metros de altura. Un paisaje sacado de una película del oeste. Estuvimos andando entre los cactus por el acantilado, paralelos a un río, durante unos 20 min hasta llegar a una zona dónde bañarnos en el río y en remojo hasta la hora de marchar. La verdad es que el plan alternativo fue fantástico, así que si contratáis el tour con Skyline, pedir a Carolina. A las 14h ya estábamos de vuelta en San Pedro de Atacama.

Llegados a San Pedro de Atacama nos dirigimos hacia la agencia ya que nos habían explicado que algunos viajeros no habían podido acceder al Salar de Uyuni a causa de las fuertes lluvias y al día siguiente teníamos la excursión de tres días. En la agencia nos informaron que muchos de los lugares del tour no estaban disponibles por las lluvias y no nos aseguraron el acceso al salar así que anulamos el tour, nos devolvieron el dinero sin problema y fuimos a la estación de autobuses con la intención de comprar un billete para Uyuni y una vez allí ver si podríamos ir al salar o no. Nos llevó toda la tarde encontrar la manera de llegar a Bolivia ya que todos los buses hasta Uyuni y Oruro estaban llenos, pero a las 19h nos informaron que ponían un bus extra desde Calama hasta Oruro (35’000 pesos/persona con Trans Salvador), así que compramos un billete San Pedro – Calama – Oruro para el día siguiente por la mañana.
Por la noche empezó a diluviar y anularon el Tour Astronómico, así que con el dinero de la excursión nos fuimos a cenar a un buen restaurante llamado Blanco, muy recomendable. Esa noche descubrimos que cuando hay tormenta en San Pedro cortan el suministro eléctrico del pueblo. Esto es debido a que las tormentas son eléctricas y hay muchos relámpagos, y como San Pedro está en medio del desierto sin más ciudades alrededor es un punto de atracción para los relámpagos. Por suerte, a la hora de cenar la tormenta ya había parado y pudimos cenar tranquilamente con luz.

 

– De San Pedro de Atacama a Oruro:

Por la mañana, desmontamos la carpa, desayunamos tranquilamente y nos dirigimos a la parada a coger nuestro bus de las 11h a Calama.
Una vez llegados a Calama, dejamos nuestras mochilas en consigna y nos dirigimos al centro del pueblo. Calama es feo, es muy muy feo. Estuvimos paseando por el pueblo durante un buen rato y no encontramos ningún atractivo. Así que decidimos irnos a un centro comercial a ver si pillábamos algún wifi y podíamos trabajar un poco en el blog y rehacer nuestra ruta después del fiasco de Uyuni.
Así fue, llegamos al centro comercial Falabella y encontramos un wifi gratuito de alguna tienda que no supimos encontrar. Nos acampamos al lado de una columna con 2 enchufes para cargar iPads y teléfonos y nos pasamos allí toda la tarde, haciendo FaceTime con la familia, publicando y matando el tiempo.
Hacia las 19h empezamos a andar hacia la parada de autobús. Nuestro bus salía a las 20:30h. Solamente ver el autobús, ya nos dimos cuenta que los buses de Bolivia no tendrían nada que ver con los buses de Argentina o Chile. El bus de TransSalvador era un bus viejo y bastante escacharrado. El viaje duraba 13 horas o sea que nos teníamos que armar de paciencia. Estuvimos durmiendo la mayor parte del viaje y nos despertamos hacia las 8h de la mañana en la aduana de la frontera Chile/Bolivia. La aduana estaba llena de autobuses, coches, gente con maletas, …un caos. Nuestro autobús se colocó en la fila de los autobuses la cual no habíamos visto avanzar desde que llegamos. Estuvimos en la frontera, haciendo cola con el bus unas 6 horas y 1 hora más presencialmente con nuestras maletas. En la aduana solamente había ¡¡2 ventanillas!! Y había un centenar de personas haciendo cola. Bienvenidos a Bolivia.
Llegamos a Oruro hacia las 17h (es decir, con casi 8 horas de retraso) y teníamos que decidir si probábamos suerte con Uyuni o íbamos directos a Potosí.
Así que decidimos viajar a Potosí (30 bolivianos/persona) y dejar pasar unos días más, a ver si las lluvias se calmaban y luego ir a Uyuni desde Potosí. El viaje Oruro-Potosí eran unas 5 horas y llegaríamos a destino hacia las 3h de la mañana. Aún así, nos aseguraron que podríamos quedarnos a dormir en el bus al llegar hasta las 7h. Y así fue, muertos de frío (el bus estaba peor que el de TransSalvador) pero dormimos.

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