Bolivia

Potosí

 

Nos despertamos dentro del bus a las 7h de la mañana. La noche anterior ya habíamos reservado un hostel por Hostelworld. Nos alojaríamos en “Casa de Huéspedes de La Vicuña” por 130 bolivianos/habitación privada con baño compartido (la habitación compartida eran 60b/cama así que valía la pena tener nuestra propia habitación por 1€ más). Como Google Maps nos decía que estábamos bastante lejos, preguntábamos cuanto nos costaba un taxi: 10 bolivianos – 1,12€!!

 

Bolivia era nuestro paraíso económico. Extremadamente más barato que Chile y que Argentina. Cogimos el taxi y nos dejó en la puerta.
La dueña del hostel nos recibió y nos dio nuestra habitación a las 8h de la mañana, cosa que se agradece. También nos dejó tomar el desayuno (que estaba incluido en el precio de la noche) aunque tendríamos que pagarlo extra (cosa que nunca pasó ni reclamó), ya que esa noche no habíamos dormido allí.
Dejamos nuestras cosas, nos armamos con un mapa y nos pusimos a caminar. Potosí fue una de las ciudades más importantes durante la colonización española. Los colonos llegaron aquí y se establecieron ya que estaban convencidos que en las minas de Potosí estaban repletas de oro. Y lo están, repletas, pero no de oro sino de plata y otros minerales. Decepcionante para los españoles. La arquitectura de Potosí es muy interesante y nos gustó bastante. La ciudad está llena de iglesias (recuerden: colonización española = colonización católica) y aún se conservan muchas casas con arquitectura colonial. Básicamente el pueblo es todo lo que hay que ver, así como su imprescindible mercado. Para comer, en cualquier restaurante al rededor del mercado encontraréis menús del día llamados “completos” por 12b/persona que incluyen bufete de ensalada, sopa de primero, un segundo con carne, arroz y patata y postre. Si sois más atrevidos (como nosotros) podéis subir al patio de comidas del mercado, situado en la primera planta donde encontraréis puestos de comida de señoras encantadoras. Sirven lo mismo que en los restaurantes, un “completo”, pero mola mucho más.

 

Por la tarde se puso a llover, así que fuimos a visitar un par de agencias que organizaban tours a las minas para el día siguiente. Habíamos leído por internet algunas opiniones y acabamos contratando el tour con Kondor Tours. La verdad es que es la agencia más cara (150b), pero es la que nos dio la información más clara, nos aseguraron que no habría ningún extra y nos proveían con todo el equipo incluido agua y mascarilla (las otras agencias no). A más, los guías que hacen el tour son ex mineros, así que te lo explican todo en primera persona.
La tarde la pasamos tranquilamente en el hostal mientras caía el diluvio universal.

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A la mañana siguiente nos encontramos a las 8.45h delante de la agencia con el resto de personas, en total éramos unos 12 + 2 guías. El bus nos llevó a lo alto del Cerro Rico donde hicimos la primera parada en el mercado de los mineros. Se llama así porque está situado en el cerro, donde viven la mayoría de los mineros, y en él venden todo tipo de material para las minas (guantes, mascarillas e incluso dinamita). En el mercado dividimos el grupo en dos, castellano-parlantes y anglófobos.
El guía nos explicó cómo se hace la dinamita con el material que te venden en el mercado y los hábitos de los mineros. Todos los mineros mascan hojas de coca durante todo el día. El jugo de la hoja de coca es un excitante que les da energía y les quita el hambre para poder trabajar durante más horas. También nos explicó que los viernes por la noche festejan juntos y toman alcohol puro de 96 grados (nos lo dio a probar pero evitamos el trago…).

Al parece los mineros tienen una vida un poco al margen de los habitantes de Potosí. Están un poco mal vistos porque les gusta mucho beber, la fiesta y las mujeres. Imagino que cuando llevas 5 días seguidos haciendo jornadas de 12 horas en un hoyo, lo único que quieres es perder la cabeza. El guía también nos explicó que los mineros no tienen un sueldo fijo, sino que sus beneficios dependen de la cantidad y la calidad de minerales que extraigan. Había habido años muy buenos, hacia el 2010, cuando se extrajo muchísima plata y los mineros ganaron bastante dinero. Muchísima gente que nunca había pisado una mina, subía a extraer. Sin embargo se necesita mucha experiencia, saber dónde y cuándo poner la dinamita, que tramo seguir picando, diferenciar entre el mineral de calidad y el que no tiene tanta, no es un trabajo que pueda hacer cualquiera. Actualmente hay unos 8’000 mineros trabajando en el Cerro Rico pero había llegado a haber 30’000.

En la parada en el mercado, los guías nos sugirieron (sin obligación) comprar algún refresco y un poco de hojas de coca para los mineros. Es una manera de agradecerles que podamos entrar a la mina mientras están trabajando. Por 15b compramos una botella de Aquarius y una bolsa de hojas de coca.
La segunda parada la hicimos en el local donde guardan el equipo. Te proveen con un sobre pantalón y una chaqueta, un casco con linterna y una mascarilla.
De ahí salimos hacia la planta de de procesamiento de minerales. La planta estaba parada en aquel momento porque estaban en tareas de mantenimiento (contamina bastante el agua…), pero aún así pudimos ver la maquinaria y nos explicaron cómo funcionaba. Básicamente el proceso es: triturar las piedras extraídas (los minerales vienen juntos con cantidad de piedra y basura rocosa), meten el polvo en unas cubas llenas de agua con productos químicos que hacen que el mineral flote y la tierra y basura se queden abajo, recogen los minerales y los dejan secar.
El guía nos explicó que hay refinerías o plantas de procesamiento de diferentes nacionalidades: inglesas, chinas, americanas, bolivianas…Los mineros trabajan de forma independiente o en cooperativas y ellos venden los minerales que extraen a las refinerías. Las refinerías luego venden el mineral puro a diferentes países donde los fundirán y crearán objetos o joyas. Fue una visita muy interesante.

 

Finalmente llegamos arriba del cerro, a unos 4’800 metros de altura, para entrar a uno de los túneles de la mina. El recorrido por la mina fue una experiencia increíble, pero nada recomendable para personas con claustrofobia. Recorrimos alrededor de 100 metros de túneles, con subidas, bajadas, tramos donde escalar, donde descender y tramos en los que teníamos que pasar casi de cuclillas. Todo está oscuro y es muy húmedo, la única iluminación es la de nuestras linternas y luces del móvil. Por el camino encontramos a varios mineros trabajando, picando rocas, haciendo agujeros para poner dinamita, moviendo carretillas con toneladas de escombros e incluso escuchamos varias explosiones que llegaban desde el otro extremo de la mina. Los mineros trabajan en grupos y tienen una jerarquía según su experiencia. Se respetan los territorios donde se está explotando la mina pero no existe la solidaridad entre grupos. Dentro del mismo sí, pero no con los demás. Si tú estás explotando una zona, otro grupo no puede venir a explotarla. Es la ley de la mina. Las jornadas de trabajo dependerán de la calidad de los minerales extraídos. Si tienen buena calidad (como la plata) puedes hacer menos horas, ya que con lo que extraigas ya harás buen dinero. En cambio, si el integral que sacas es de baja calidad (estaño o zinc), tendrás que trabajar más horas para sacarte un buen sueldo.
Nos dijeron que actualmente no trabajan niños en las minas (antes sí que lo hacían), pero de vez en cuando sí que ves alguno que viene a ayudar a su padre (esto es lo que nos dijo el guía, pero intentó evitar un poco el tema…). Tras unos 30-40 minutos dentro de la mina, terminamos el recorrido visitando a “El Tío”. El “El Tío” es una especie de santo creado por los mineros. Los mineros no creen en Jesucristo, Alá o Buddha, tienen su propio Dios. Su trabajo es demasiado duro y peligroso (su esperanza de vida es de 50 años debido a los gases tóxicos y a la cantidad de polvo que respiran en las minas) para creer en algo supra terrenal, así que se inventaron un Dios. A “El Tío” le piden que la mina les dé muchos minerales de calidad, que haya mucha plata, que lo pasen bien en la fiesta del viernes por la noche y que tengan mujeres bonitas. Vamos, a le piden lo que de verdad les importa.
Si visitáis Potosí, diríamos que la visita a las minas es algo obligatorio y imprescindible. No puedes imaginarte cómo es la vida y el trabajo de un minero si no lo ves con tus propios ojos. Es algo inolvidable.

 

Después del tour, volvimos a comer en el mercado central y fuimos a coger nuestras cosas al hostel. Desde allí cogimos un bus hacia la terminal de autobuses llama Ex-terminal” porque es la terminal más antigua (ahora hicieron una nueva) desde donde salen los buses a Uyuni. Una vez llegados allí, la señora de una de las compañías de autobuses nos informó que las carreteras de acceso a Potosí estaban bloqueadas por manifestantes que le pedían al gobierno una reacción delante de las inundaciones que estaba habiendo por las lluvias. Llegar a Uyuni empezaba a ser una misión imposible, así que decidimos ponernos rumbo a Sucre, nuestro próximo destino. Nos informaron que los buses a Sucre salían desde la nueva terminal, así que cogimos de nuevo un bus y nos dirigimos allí. Eran las 15h y los buses a Sucre salían en breve. Nos ofrecieron una salida a las 15:30h por 40b/persona, pero otra agencia superó la oferta a 35b/persona. Ya teníamos ganador. Salimos a las 16h de Sucre y nos esperaban 4h de viaje por delante. Vimos un documental (muy recomendable “Fed up” sobre el lobby de las empresas de fast food en USA), miramos un poco el paisaje, nos informamos de los beneficios de la hoja de coca (por cierto, tienen muchísimos) y del porqué de su il.legalidad en España (se necesita 1 tonelada de hojas de coca para hacer 1 gramo de cocaína…c’mon…). Básicamente, no legalizan la hoja de coca ni para el uso particular para no facilitar su transformación a cocaína. Puede parecer un poco exagerado debido ala cantidad de hojas que necesitas para hacer cocaína, pero como aquel que dice, en algún lugar tienen que poner el límite. Y esta vez, nos guste o no, el límite es 0 (aunque bueno, también habría que mirar cuál es el nivel de consumo y tráfico de cocaína en países donde el consumo y cultivo de la hoja de la coca es totalmente legal como en Bolivia….en fin…quién sabe qué hay detrás…).

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Sucre

 

Llegamos a Sucre hacia las 20h, pero ya nos habíamos encargado antes de reservar un hostel en hostelworld: el Clavel Blanco, habitación privada con baño compartido – 120b/noche (140b si reservas en el mismo hostal, incomprensible). Desde la estación de autobuses cogimos un taxi hacia el hostel (10b). El hostel estaba súper bien, limpio, una cocina bien equipada y llevado por 4 voluntarios majísimos que estaban viajando por Latam.
Decidimos ir al súper a comprar hortalizas para hacer una ensalada y unas pechugas de pollo, ya tocaba comer un poco decente.

 

Por la mañana nos levantamos y desayunamos en el mismo hostel, ya que estaba incluido en el precio. Un desayuno bastante completo: café o té, pan con mermelada o mantequilla y huevos al gusto. Esa mañana llovió bastante así que decidimos descansar un poco tras el tute del viaje. Hacia el medio día, nos fuimos a comer a nuestro lugar favorito: el comedor del mercado municipal. El mercado de Sucre es bastante grande y muy interesante. Tiene muchísimos puestos de fruta (increíblemente buena) y de carne de la zona. Vale la pena darse un paseo. Como de costumbre, comimos un “completo” (arroz, pasta, ensalada y, o bien milanesa o bien carne picada con salsa). Después de comer, nos fuimos directos a Condor Trekker Tours donde ofrecen walking tours por la ciudad por 70 bolivianos/persona. El tour empezó a las 15h y tenía una duración de 3h. Para empezar, el guía nos llevó a una tienda-exposición de productos artesanales de la zona y no es explicó un poco la historia de las tribus indígenas que vivían en la zona y las que se mantenían vigentes. Luego fuimos paseando hacia la Plaza de Mayo, plaza central de la ciudad donde se encuentra la catedral (no pudimos entrar, solo pudimos acceder a la capilla adyacente), la Casa-Museo de la Libertad, la Alcaldía de Sucre y el Museo del Tesoro.

 

Antes de llegar a la plaza, hicimos una parada en “Chocolates Para tí”, una chocolatería local donde probamos unos bombones buenísimos. Según el guía, esta fábrica de chocolate es la mejor del país. La tienda es muy bonita, así que recomendamos acercarse y sentarse a tomar una taza de chocolate o una tarta. el Museo del Tesoro nos dijeron que es muy interesante si te gustan los metales y las piedras preciosas. Continuamos por el mercado central, el cual se encontraba cerrado (menos mal que habíamos ido a comer allí) por la fiesta de las Comadres.
Explico de qué se trata. El carnaval es una festividad muy importante en Bolivia, se celebra durante casi 10 días, 2 de los cuales son feriado nacional. En Sucre, se realizan dos festividades muy especiales en dos fines de semana consecutivos: la fiesta de los compadres y el de las comadres. El fin de semana de la fiesta de los compadres, todos los hombres del pueblo salen de fiesta solos. Se organizan actividades en bares y discotecas especialmente para los hombres. La semana siguiente, se celebra la fiesta de las comadres, y todo está organizado de cara a las mujeres. Ese día festejan solamente ellas. Total, que ese día era la fiesta de las comadres y, como la mayor parte de los puestos del mercado están regentados por mujeres, después de mediodía cerraron para poder irse a festejar. Los niños también tienen una tradición: se atacan entre ellos con globos y pistolas de agua y con espuma en spray.

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Después seguimos paseando, vimos un par de edificios de la Universidad, y llegamos hasta el Hospital Santa Bárbara y el Teatro Gran Mariscal de Ayacucho. En Sucre, llama mucho la atención lo bien cuidados y limpios que están los edificios. La gran mayoría mantienen la arquitectura del colonialismo español, tienen patios interiores con jardines y las iglesias siguen una arquitectura católica (ya sabéis, proceso de catolización de los indígenas….). Bajamos por el parque Bolívar, un parque muy verde y bien cuidado, donde se encuentra una réplica de la Torre Eiffel (hecha con piezas traídas de París de la Torre Eiffel real).

 

En la Avenida Venezuela cogimos un colectivo para subir hasta la parte alta de la ciudad, y paramos delante de un edificio colonial súper bonito que hoy pertenece a la Municipalidad de Sucre. Tuvimos una sensación muy rara cuando entramos en ese edificio, ya que al entrar fue como si nos trasladásemos a casa: patio interior con fuente en el medio, suelo de hidráulico en todo el edificio, techos altos con cornisas, colores mediterráneos, tanto podríamos estar en Sucre como en Barcelona.
El guía nos llevó a la parte trasera del edificio, donde nos mostró un túnel subterráneo que los españoles que vivían en esa casa habían construido en caso que hubiera una revolución y debieran escapar. La leyenda dice que muchas de las casas de colones españoles tenían esos túneles, que llevaban hacia las colinas que hay por encima de Sucre. Seguimos subiendo y visitamos el barrio El Guereo (llamado el barrio de los gatos, porque las calles tienen nombres como Gato Negro, Gato Blanco o Gato Pardo), y allí era como si estuviéramos paseando por cualquier pueblo de Andalucía o incluso de las Baleares. Calles peatonales con casas bajas de color blanco, tiestos con flores en las ventanas y números de casa en piezas de cerámica.
El guía nos llevó allí a un “bar”, y digo “bar” porque era el parking de una casa con una barra de bar y una señora que servía cervezas. El guía nos había llevado para probar la “chicha”, una cerveza hecha con maíz en vez de malta. Por desgracia, a la señora se le había terminado y tuvimos que bebernos una cerveza normal (qué problema…). Allí se encontraba media docena de hombres, que tenían pinta de llevar ya unas horas bebiendo allí. Tolo, como siempre, empezó a conversar con ellos y le sacaron una guitarra. Estuvimos unos 30 minutos allí, tocando la guitarra, cantando y bebiendo cerveza con los señores. A Tolo le acabaron invitando a dos cervezas más.

 

Nos dirigimos a la Plaza de la Recoleta, la que en tiempos pasados había sido el centro de la revolución indígena en Sucre, allí se encuentra un Museo. Vale la pena subir hasta allí solamente por las vistas que hay de toda la ciudad, son muy bonitas.
El tour terminó allí y hay que decir que nuestro guía no nos gustó demasiado…
La empresa de tour también organiza excursiones de 2,3 o 4 días a zonas de los alrededores de Sucre, puede estar bien.
Bajamos andando hasta nuestro hostel y esa noche cenamos 1 chirimoya y 1 mango que habíamos comprado en el mercado (increíble sabor) con un té de coca (luego me costó dormir).
Después del tour nos quedamos con la sensación que no lo habíamos visto todo en Sucre así que a la mañana siguiente decidimos seguir paseando por la ciudad y ver las zonas que no habíamos visto. Tuvimos la ocasión de probar una bola de patata rellena con carne picada (también la hay de huevo) y con una salsa muy rica. Aquí lo rebozan y lo fríen todo, la bola de patata también.
A Tolo se le antojó chorizo para comer (un híbrido entre butifarra y chorizo que sirven en todo Latam) así que fuimos al mercado a ver si encontrábamos pero no tuvimos éxito.
Compramos dos filetes de ternera con muy buena pinta, a una señora que nos explicó que había vivido en Benidor durante unos años, pero que cuando empezó la crisis en España se volvió a Bolivia. Según nos dijo, la vida era más tranquila en Bolivia y con el dinero que había ganado en España podía vivir bastante bien, pero lo echaba de menos.

Fuimos a visitar el Museo Casa de la Libertad (15b/persona) ya que habíamos leído en Trip Advisor que estaba muy bien para conocer la historia de Bolivia. La verdad es que nos decepcionó un poco ya que hay muchas pinturas que representan batallas y libertadores, pero explica muy poco de la historia del país. También hay fotos de todos los presidentes desde la creación de Bolivia así como la primera bandera y algunos muebles históricos, pero nada más.
De camino al hostel, hicimos una parada en “Chocolates Para tí” y compramos una ración de tarta tatin de chocolate (muy muy buena y muy barata – si no recuerdo mal unos 5b) y unos bombones de postre (2b/bombón). Comimos en el hostel y aprovechamos para cargar fotos y escribir en el blog (volvía a llover) hasta la hora de irnos hacia la estación de autobuses para coger, por fin, un bus hacia Uyuni.

 

Hacia las 19h, cogimos las mochilas y cogimos un taxi hasta la terminal de autobuses (10b/trayecto). Al llegar allí, todos los astros se habían alineado otra vez, para que no hubiera plazas en ningún autobús que iba a Uyuni. Así que redirigimos la ruta de nuevo para dirigirnos hacia Cochabamba (70b/persona en bus “cama” – no son tan “pro” como los de Chile y Argentina…), desde donde iríamos al Parque Nacional Torotoro (recomendación de unos viajeros británicos que hicieron el walking tour con nosotros).
Cosas interesantes de Sucre: probar la “Leche de Tigre”, una bebida típica de Sucre hecha con leche de vaca, leche condensada, leche evaporada, singani y canela. Es dulce y entra muuuuuuy bien, pero al día siguiente te acuerdas de ella.
Comer empanadas: de carne, de queso, de pollo, somos medio adictos a las empanadas. Probar la chica y las patatas rellenas – explicadas anteriormente.

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Toro Toro

 

Antes de todo un aviso: en Toro Toro no hay cajeros ni se puede pagar con tarjeta así que llevad efectivo suficiente.

Para llegar a Toro Toro teníamos que coger un bus nocturno hasta Cochabamba y desde allí un microbus hasta Toro Toro. Llegamos a Cochabamba a las 5am y caminamos unos 20min hasta el lugar donde salían los microbuses. Delante de la estación de Cochabamba empieza el mercado ambulante y la calle estaba repleta de gente en todos lados, nos sorprendió ver tanta gente a las 5am. Fuimos hasta la esquina donde según la Lonely Planet se tenía que coger el bus a Toro Toro, pero allí no había ningún bus, así que empezamos a preguntar y finalmente llegamos al lugar donde salía el micro hacia Toro Toro: Avenida República con Calle Valle Grande. Es una empresa privada y hasta que no se llena el microbus – de 8 a 12 personas – no sale. Nosotros llegamos a las 6am y hasta las 8am no salió. El Trayecto hasta Toro Toro dura 5h por un camino que en su mayoría está sin asfaltar y se hace bastante pesado porque el microbus es estrecho y bastante incómodo y cuesta dormirse.

A las 13h ya estábamos en Toro Toro y fuimos a buscar alojamiento. Primero fuimos a un hostal llamado El Edén porque había un cartel que decía que tenían wifi y costaba 40b/persona/habitación compartida, pero cuando ya estábamos instalados y pedimos la contraseña del wifi nos dijeron que no tenían wifi propio, que había que ir a la plaza del pueblo, pagar 1 boliviano y tendríamos wifi, ya que llegaba al hostal. Decidimos irnos a otro alojamiento llamado Hostal San Miguel que costaba 30b/persona/habitación privada con baño compartido. Esa tarde la pasamos paseando por Toro Toro y descansando.

 

Al día siguiente, nos levantamos a las 6am para ir a visitar el Parque Nacional pero estaba diluviando así que decidimos dormir hasta tarde. A las 10am nos levantamos y aún llovía, nos quedamos descansando y comimos en el la habitación. Cuando paró de llover fuimos a la oficina de turismo a preguntar el precio de los tours para el día siguiente. Primero hay que comprar el tíquet del Parque Nacional Toro Toro que cuesta 100 bolivianos para extranjeros y 40 bolivianos para nacionales. El precio de la excursión a Ciudad de Itas y Umajalanta era, para extranjeros, 530 bolivianos (a dividir entre el número de personas en el tour, un máximo de 6) más 12 bolivianos por material y 5 bolivianos de entrada a las cuevas. El problema que teníamos era que no sabíamos que en Toro Toro no había cajero ni se podría pagar nada con tarjeta y casi no teníamos efectivo, y el dinero no nos llegaba para hacer la excursión. La única solución era encontrar a alguien que nos consiguiera efectivo o que nos dejaran entrar como nacionales y pagar solamente 40b por la entrada en vez de 100b.

Gisela utilizó su don negociador y habló con la chica de os tours quien le dijo que si en el parque nos daban el tíquet de nacionales ella nos haría precio de nacionales, así que Gisela fue a hablar con la chica del parque y le explicó que no teníamos más efectivo. La chica le dijo que el señor Rodrigo del Hostal Wilma proveía efectivo a los turistas, a través de Paypal le hacías un ingreso y el te lo daba en efectivo. Fuimos a ver si encontrábamos al señor Rodrigo pero nos dijeron que volviéramos por la tarde.

Por la tarde salimos a pasear por el pueblo para la celebración del carnaval. Había comparsas con gente disfrazada, unos bailando, otros tocando instrumentos y otros cantando. Iban dando vueltas sin parar mientras bailaban y de vez en cuando se tiraban globos de agua y espuma. Una cosa que nos llamó la atención fue un señor que bailaba con un oso hormiguero disecado en las manos, aún no hemos podido descifrar su significado. Fuimos hasta la plaza del pueblo que estaba llena de gente. En la plaza iban pasando todas las comparsas, cada una disfrazada de una manera diferente y había un jurado que los puntuaba. Estuvimos un buen rato mirando el espectáculo y después compramos unos chorizos y unos panes para cenar en el hostal. Antes de volver, fuimos a mirar si encontrábamos al señor Rodrigo para sacar dinero. Ésta vez lo encontramos y nos dijo que nos cobraba un 10% de comisión. Lo encontramos una barbaridad, así que nos fuimos y confiamos en el don de palabra de Gisela para convencer a la chica del parque y que nos dejara entrar como nacionales.

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A la mañana siguiente volvimos a levantarnos a las 6am y, aunque estaba todo nublado no llovía, así que fuimos a la oficina del parque a comprar entradas y a buscar un grupo para hacer el tour. Al llegar encontramos a una chica de Bolivia que iba con una pareja más, con nosotros sumábamos 5 y con una pareja más que tse unió, éramos 7 personas para hacer el tour (tuvimos que convencer a la señora, ya que el máximo eran 6). Mientras, Gisela intentaba convencer a la chica del Parque Nacional para que nos dejara pasar como nacionales. No sé cómo lo hizo pero al final nos dejó entrar como nacionales pagando 80 bolivianos en lugar de 200b, cosa que nos permitía hacer el tour también como nacionales y ahorrarnos unos 100 bolivianos más.

Después de todas las negociaciones, los 7 pasajeros nos subimos a la furgo para dirigirnos a Ciudad de Itas. Durante la hora de trayecto fuimos hablando con nuestros compañeros de tour, las dos parejas vivían en Santa Cruz y la chica que iba sola era de Tarija. Hablamos sobre Europa, España, Cataluña y la situación actual de Bolivia. Nos contaron que hace un año hubo un referendum para decidir si Evo Morales se podía volver a presentar otra vez (ya ha cumplido el máximo de mandatos permitidos) y el resultado fue NO, pero al parecer Evo no ha hecho caso y se quiere volver a presentar en las próximas elecciones aún siendo inconstitucional (ya hará un apaño). Estaban bastante enfadados con la situación actual y nos informaron que el día 21 de Febrero había huelga general en todo el país en contra de la decisión de Evo Morales.

 

Pasada la hora de trayecto llegamos a Ciudad de Itas. Se trata de un seguido de cuevas a unos 3700 metros de altura donde vivieron los Itas y donde se pueden ver pinturas rupestres. La excursión dura unas dos horas andando por la montaña, entrando en cuevas y escalando. El paisaje desde la montaña no tiene desperdicio, es realmente muy bonito.
Después de las dos horas volvimos al bus, que nos llevó a las cuevas de Umajalanta. Al llegar nos dieron el casco y entramos en las cuevas, la entrada es enorme e impresiona mucho. El camino dentro de las cuevas dura unas 2 horas y Gisela y yo alucinamos con la inseguridad del lugar. Hay que cruzar un río – con el caudal bastante alto debido a las lluvias -, escalar sin cuerdas, hacer rappel sin arnés, pasar por túneles tumbados en el suelo y todo ello sin pasarelas ni salidas de emergencia ni nada. Ni siquiera un equipo para facilitar el acceso. Hubo un momento que se juntaron al inicio del recorrido unas 60 personas, ya que se juntaron los que entraban y los que salían y se generó un caos tremendo ya que había muchísima gente mala equipada (botas de tacón…), niños, personas mayores, que ralentizaban la entrada y salida. El tema es que antes de entrar a la cueva no te explican nada, ni cómo es, ni si tienes que ir bien equipado o no, no hay límite de edad para entrar ni tampoco límite en la cantidad de gente que puede acceder al mismo tiempo. La excursión fue divertida y la cueva nos gustó mucho, pero si tenéis claustrofobia ¡ni se os ocurra entrar!. Cuando llegamos al final de la cueva tuvimos que volver por el mismo camino porque había llovido mucho y no se podía pasar por el camino de vuelta. De camino al bus pudimos ver algunas pisadas de dinosaurios y el niño que llevo dentro empezó a tomar fotos sin parar.

Al llegar a Toro Toro eran las 18h y decidimos quedarnos a dormir una noche más ya que si tomábamos el micro hasta cochabamba llegaríamos a la 1am y no habría bus para ir a La Paz, por lo que tendríamos que pasar noche en Cochabamba y pagar más de lo que costaba la noche en Toro Toro.

 

Al día siguiente nos levantamos a las 5.30am y a las 6am ya estábamos en bus. Esta vez no era un micro sino un bus grande con asientos reclinables, un poco más cómodo. En teoría tenía que salir a las 6am pero salió una hora más tarde. La verdad que no se como el bus pasaba por un camino tan estrecho y pegado a un acantilado, así que decidí dormir y dejar de mirar por la ventana. Todo iba bien hasta que el bus se paró a un rincón del camino. Habíamos pinchado una rueda y lo mejor de todo era que no llevábamos un gato hidráulico para levantar el bus y cambiar la rueda. Este día descubrimos como cambiar una rueda sin gato: Se coge una piedra grande y se coloca delante de la rueda pinchada, se enciende el coche y se pone la rueda pinchada encima de la piedra. Se coge otra piedra grande y se coloca debajo del eje de las ruedas, se saca la rueda pinchada, se coloca la rueda nueva y se saca la piedra del eje. Lo divertido fue cuando sacamos la rueda de repuesto y estaba en un estado que hacía dudar que llegáramos a Cochabamba. Finalmente tras 6 horas de trayecto llegamos a Cochabamba, fuimos a la estación de bus, compramos pasaje a La Paz y nos marchamos.

Otro consejo es que no os creáis nunca a los bolivianos. Siempre te engañan. Preguntas un precio, seguramente es entre un 20 y un 30% más barato. Preguntas la duración de un trayecto, tienes que sumarle 2h más del tiempo que te indiquen. Al principio te indigna, al cabo de los días ya sabes cómo manejarlo.

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La Paz y Carretera de la muerte

 

Llegamos a La Paz hacia la media noche y no teníamos alojamiento. Preguntamos a una señora del autobús si había alguna zona donde pudiéramos encontrar bastantes alojamientos cercanos al centro y nos recomendó ir a la calle Illampu, pero en taxi, ya que ir caminando podría ser peligroso. Así que hicimos caso ala señora local y cogimos un taxi en la misma terminal para que nos llevar a Illampu (15b/2 mina de trayecto…). El taxi se paró en el primer hostal de la calle, “Isla Bonita” y amablemente nos dijo que bajaba a preguntar si tenían disponibilidad. En 30 segundos estaba de vuelta con buenas noticias: tenían disponibilidad (120b/noche por habitación privada con baño compartido). Decidimos quedarnos esa primera noche.

La habitación estaba bien de tamaño, una cama matrimonial un poco incómoda pero estaba bastante limpio. Lo malo es que nuestra habitación estaba en el 3r piso y el router de wifi en la recepción, así que el wifi no llegaba. Si os quedáis en este hostal, pedid que os pongan en el primer piso. El hostal está muy bien ubicado, a 5 min caminando del centro y a 2 min del Mercado de las Brujas.
La mañana siguiente nos levantamos y nos pusimos a pasear por La Paz. Cuando salimos del hostal vimos que había un gran mercadillo justo delante, os daréis cuentas que es enooooorme. Esa mañana visitamos varias agencias que organizaban salidas a la Carretera de la Muerte para el día siguiente. Tras ver varias opciones, nos decidimos por la más económica, “No fear”, ya que tenía buenas opiniones en TripAdvisor y varios blogs la recomendaban. El precio es unos 360b/persona (varía según la bici que eliges, de unos 330b a 420b. Nosotros escogimos una de la media) e incluye transporte de ida y vuelta, guía, desayuno, snacks, agua, bicicleta, equipo – traje sobre ropa, rodilleras, coderas y casco -, comida en un hotel que tiene piscina y donde te puedes dar una ducha después del trayecto, fotos y vídeos que te mandan por correo y una camiseta de regalo. Por todo lo que incluye, nos pareció un precio razonable.

 

Cuando viajas no comes muy bien, es la realidad. Te mueves mucho y te alimentas mayoritariamente a base de bocadillos, empanadas y cosas rápidas o baratas. Comer sano es caro si no puedes cocinar. Aprovechando que estábamos en La Paz y hay muchas más opciones de restaurantes, decidimos ir a comer a un restaurante vegetariano para poder comer un poco de verde. Siguiendo opiniones, fuimos a comer a “Namas Té”, un restaurante muy acogedor y con un ambiente muy agradable situado en la calle Zoilo Flores. Tienen un menú completo por 29b/persona y también carta. El menú incluyó una pequeña ensalada de entrante, una sopa de verduras de primero y una cosa parecida a la bola de patata rellena que probamos en Sucre de segundo. La diferencia era que no estaba hecho de patata, si no de plátano y relleno de verduras. Estaba muy bueno, pero desgraciadamente también rebozado y frito. De postre incluía un higo chumbo (muy típico en la zona) y no incluía bebida. Después de comer tomamos un té de jazmín y un chai. Pagamos para comer mucho más de lo que estamos habituados, pero nuestro organismo lo necesitaba, y la verdad es que comimos muy bien y en cantidad.
Después de comer nos dirigimos a la Plaza San Pedro, donde a las 14h nos teníamos que encontrar con el guía de “Red caps” para hacer un walking tour por la ciudad (20b/persona – se puede reservar por su web y pagar con tarjeta 3USD/persona). Allí nos juntamos con un grupo de unas 15 personas de diferentes nacionalidades y con nuestro guía, Daniel.

 

Daniel nos empezó explicando la historia de la cárcel de San Pedro situada en la misma plaza. No es una cárcel habitual ya que los internos tienen permitido vivir en sus celdas con su mujer e hijos. Los internos también tienen que pagar un alquiler por sus celdas y dependiendo del tamaño y confort de la celda tienen un precio u otro. Si no tienen dinero, tienen que trabajar en algún servicio de la cárcel -cocina, limpieza,…- para poder ganar dinero y pagar su celda. Las celdas pueden ir desde una celda común (un cuarto con un baño dentro) a celdas casi como pisos, con sus habitaciones y comodidades. Todo dependerá del alquiler que estés dispuesto a pagar. Las familias de los internos tienen vidas normales así que las mujeres salen a trabajar fuera de la cartel y los niños van a la escuela, también fuera. La cárcel es como una pequeña ciudad dentro de la ciudad – de la cual los internos no pueden salir – en todos los sentidos: hay tiendas, peluquerías, campo de fútbol, bares, etc. Los internos han usado su creatividad para crear negocios y poder ganar dinero dentro de la cárcel. Daniel nos explicó que en la cartel solamente hay 12 personas de seguridad para controlar el acceso y si hay algún problema, el resto de servicios de la cartel está llevado por los internos, son sus “trabajos”. El guía también nos explicó que el mayor negocio que hay en la cárcel es el tráfico de cocaína. La producen dentro y la venden en el exterior gracias a sus mujeres y hijos, que pueden entrar y salir con libertad. También se han visto volar pañales sucios de bebés por encima de la vaya de la cárcel ¿a qué no nos imagináis qué hay dentro del pañal a parte de caca?.
Antiguamente se organizaban tours para visitar la cárcel, pero hubo varios problemas y se prohibieron. A día de hoy aún hay algunas personas merodeando alrededor de la cartel que ofrecen esos tours, pero son ilegales. Daniel nos contó que ha pasado más de una vez que alguien ha cogido uno de esos tours, los guardias lo han dejado entrar pero luego no los dejan salir, solamente pueden salir si pagan a los guardias. Daniel nos recomendó el libro “Marching Powder” escrito por un australiano llamado Thomas McFadden que estuvo interno en la cárcel varios años y donde explica muy bien la vida allí.

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Luego continuamos hacia el mercado central, donde la mayoría de los puestos (como en todo Bolivia) están regentados por cholitas. Las cholitas son las mujeres fruto de la mezcla entre los Aymara (indígenas de la zona) y los colonos españoles. Por esa razón, durante mucho tiempo estuvieron un poco discriminadas. Las cholitas son fáciles de reconocer ya que siempre van vestidas con una vestimenta característica: falda con bajo-falda que les da volumen (más caderas = más capacidad de tener hijos = fertilidad), camisa con chaqueta de lana y sombrero. Llevan el pelo muy largo y siempre llevan dos trenzas. Daniel nos explicó que a los hombres Aymara, lo que más les gusta de las mujeres son sus gemelos (curioso…). Como más anchos y fuertes se vean los gemelos, más sexis para ellos. Según él, es por eso que las cholitas llevan falda. La tradición de las cholitas es como una religión. Solamente la mujer con abuela y madre cholita, puede ser cholita. Si sin embargo, eres mujer de familia cholita y no quieres vestirte así, estarás renegando de tus raíces y, una vez has tomado esa decisión, no podrás volver a vestirte de cholita nunca más. Si una mujer no es cholita y se viste como ellas, lo considerarán una falta de respeto.
Aunque son una mezcla, las cholitas siguen la filosofía Aymara: “no robarás, no mentirás y no serás vago”. Así que, aunque no lo necesiten, ellas siguen vendiendo sus frutas en el mercado, su comida callejera y su artesanía. No es correcto quedarse en casa sin trabajar.

 

Continuamos caminando hacia el centro, dirección a la iglesia de San Francisco. Una iglesia católica construida por los colonos, pero con algunos símbolos indígenas en su fachada. Los católicos lo hicieron para “simpatizar” con los nativos y que les facilitará el trabajo de catolización de los mismos.
Entramos al Mercado Lazna, un mercado realmente feo con estética de parking de coches, donde venden comida para llevar, bebidas y también hay pequeñas tiendecitas.

De allí caminamos por la calle Comercio (la calle más comercial como su nombre indica ) hasta llegar a la Plaza Murillo, la plaza donde se encuentra el Parlamento, el Palacio del Gobierno y la catedral de La Paz. Es una plaza bonita, con mucha vida y alguna zona verde. Y palomas, muchas palomas. En esta plaza hay 3 cosas curiosas:
1. El reloj del parlamento: un reloj en el que las horas están puestas al revés y su aguja gira hacia la izquierda. Ese reloj fue instalado por orden del Presidente Evo Morales, quien consideró que el reloj actual era una imposición y decidió crear un reloj que girara en la misma dirección que el sol. Que en verdad, si lo piensas tiene sentido, ya que es como un reloj solar pero con números, y al final, nuestras horas están basadas en la luz del sol….
2. Banderas del Palacio Presidencial: de su balcón ondean la bandera Boliviana, la bandera Whipala que es la bandera de siete colores usada tradicionalmente por las etnias de los Andes, y la bandera del mar, que representa la demanda de Bolivia ante Chile sobre una salida al mar (Chile invadió el puerto de Antifagasta en 1879).
3. Monumento al Presidente Villaroel: presidente boliviano al que el pueblo ejecutó colgándolo de una farola en la misma plaza. Hay un monumento en su honor justo delante de esa farola, ya que depués se arrepintieron de lo ocurrido (al parecer no era ta malo).

 

Desde allí, Daniel nos llevó a un bar llamado Sol y Luna, donde nos invitaron a un chupito de una especia de licor tradicional mezclado con jugo de naranja.
Allí Daniel puedo hablar abiertamente de política boliviana y de su Presidente, Evo Morales. El primer presidente indígena de la historia de Bolivia. Como ya nos había explicado bastante gente, la mayoría del pueblo Boliviano no está muy contento óptimamente con su Presidente. Evo Morales lleva gobernando Bolivia 12 años. En teoría, en Bolivia solo se puede gobernar en 2 mandatos consecutivos, pero el equipo de Gobierno de Evo Morales supo cómo evitar eso. En su primer mandado (de 4 años) Evo Morales cambió el nombre oficial del país (de Estado de Bolivia a Estado Plurinacional de Bolivia( y también cambió la bandera (incluyendo una representación de las diferentes comunidades indígenas del país). Cuando Morales terminó su segundo mandato – el cual fue de 5 años, ya que cambió la ley -, alegó que las primeras elecciones que él había ganado habían sido en otro país, un país que ahora no existe (el Estado de Bolivia) y que ahora se encontraban en el Estado Plurinacional de Bolivia, por tanto solamente llevaba un mandato. Legalmente tenía razón así que se volvió a presentar a las elecciones y las volvió a ganar. Actualmente se encuentra en su tercer mandato real y segundo en el Estado Plurinacional de Bolivia y, en teoría, no se puede volver a presentar a las elecciones que serán en el 2019. La idea de Morales es seguir en el poder, así que en el 2017 decidió organizar un referéndum para votar la supresión de la ley que limita los mandatos. Sin embargo, el pueblo votó NO y en principio no se podría volver a presentar. Aún así, parece ser que al Presidente no le gustó el resultado (esto me suena) y está en proceso de la creación de la ley para poder presentarse otra vez, le guste o no al pueblo. Esto demuestra que un Gobierno puede empezar muy bien (escuelas, becas, ayudas a la natalidad, a los más necesitados,…..) pero tanto tiempo en el poder corrompe. Total, aún no se sabe qué va a pasar.

 

Ahí terminamos el tour y nos fuimos a dar una vuelta por el inmenso mercadillo que hay entre la estación y el centro. Es curioso ver cómo, tanto el mercadillo como en las calles de La Paz, todos los comercios están agrupados por gremios. En una calle hay todas las peluquerías, en la otra todas las ópticas, y así sucesivamente. Nosotros fuimos a la búsqueda y captura de telas de Aguayo por metro. Unas telas muy coloridas que las Cholitas usan para cargar objetos o sus bebés. Puedes encontrarte mujeres cargando inmensos paquetes en la espalda envuelto en tela de Aguayo y colgado del cuello. Lo mismo con los bebé, el portero se inventó en Bolivia.
La mañana siguiente nos levantamos pronto para estar a las 7am en “No Fear” para ir hacia la Carretera e la Muerte. Allí nos entregaron el equipo (cubre ropa, guantes, casto, coderas y rodilleras) y nos fuimos a desayunar a una cafetería cercana (incluido en el precio del tour). Hacia las 8:30h salimos de La Paz y a las 10h ya estábamos en el inicio del sendero. Como comentamos más arriba, el precio del tour depende de la bici que elijas, así que aseguraros que os den la bici que habéis pasado. A Gisela le dieron una de otra marca y le vendieron la moto diciéndole que era una equivalente. Como no tenemos mucha idea de bicis y vimos que estaba bastante bien, no quisimos discutir antes de empezar. El inicio de la Carretera de la Muerte está asfaltado y está abierto el tráfico a coches y camiones. Es bastante guapo ya que al hacer todo bajada y en asfalto coges bastante velocidad. Este trayecto es de unos 22Km y hay que ir bastante al tanto con los coches, ya que ellos también bajan a mucha velocidad. Al terminar esta parte, volvimos a cargar las bicis en la furgoneta, nos entregan el snack (Sandwich, plátano, chocolatina, agua o coca cola) y nos fuimos al inicio del sendero sin asfaltar. Ahí empieza la verdadera aventura. Un sendero de tierra y piedras, a la derecha te queda la montaña y a la izquierda acantilados de hasta 900m de altura. Todo bajada, la velocidad a la que bajes es criterio personal, pero cuanto más rápido, más adrenalina. Y si te pilla en época de lluvia como a nosotros, aún se dificulta un poco más. El camino tiene agujeros, charcos y alguna que otra cascada que cae al camino con mucha agua. También se cruzan 3 ríos, los dos primeros los podrás cruzar subido a la bici, el tercero imposible. El agua te llega por encima de las rodillas y es imposible pedalear. A demás, se nos puso a llover un rato cosa que dificultó bastante más la visibilidad (que ya era difícil porque había mucha niebla). La verdad es que si os gustan los deportes de aventura o de riesgo, es una actividad súper recomendable, nosotros nos lo pasamos genial. Éramos un grupo de unos 15 y llevábamos 3 guías, unos delante, uno detrás y otro que iba haciendo fotos y vídeos.
Después de unos 35km llegamos a un pueblito donde pudimos sacarnos la ropa empapada y tomar una cerveza bien fresca. ¡Más que merecida! Cuando llegas abajo te duele todo debido a la tensión de las últimas 2 horas.
Desde allí, la furgoneta nos llevó a un hotel donde tomamos una comida tipo bufete que estuvo bastante bien (bebida no incluida) y donde podías bañarte en la piscina y tomar una ducha de agua caliente.
Llegamos a La Paz hacia las 19h y estábamos reventados, así que nos fuimos directos al hotel a cenar y dormir.

 

El último día en La Paz lo dedicamos a pasear por la ciudad y visitar las zonas que no habíamos visitado con el tour. Cogimos el teleférico – 3b/persona – hasta la parte alta de la ciudad. El proyecto de los teleféricos (si no me equivoco hay 4) lo impulsó el Gobierno hace unos años para facilitar la movilidad en la ciudad. La verdad es que es medio de transporte muy necesario para una ciudad que está totalmente inclinada. Estamos seguros que la gente que vivía en la parte alta de la ciudad nunca bajaba al centro por no volver a subir esas cuesta, y al revés. El teleférico es un medio de transporte ecológico, silencioso y muy limpio. Nosotros tomamos el teleférico rojo, que es el que llega a la parte más alta de la cuidad desde donde hay una vista panorámica de toda La Paz. Tiene una parada en medio del trayecto, a la altura del cementerio, donde se puede bajar también.
De bajada, Tolo se comió uno de sus queridos choripanes y Gisela una empanada (casi adicción). Llegamos al hostal para recoger nuestras mochilas cuando pasó algo curioso: llegó una pareja de chilenos y pidió el precio de una habitación. La recepcionista, muy amablemente, les indicó que el precio de una habitación matrimonial con baño privado era 100b/ noche.

Gisela lo escuchó, dejó que terminara con los chilenos y le preguntó a la recepcionista la razón por la cual a los chilenos les cobraba ese precio cuando nosotros habíamos pagado 120b/noche por una habitación con baño compartido. Como buena boliviana, la recepcionista empezó a decir que eran dos camas (mentira, les había dicho que era una cama doble), luego que sí la habitación era más pequeña, bla, bla, bla…. Luego nos dijo que a nosotros se nos había cobrado 120b porque vinimos con un taxi y que el hotel tienen un convenio con los taxistas para que se lleven una comisión si traen a huéspedes (de ahí que el taxista se bajara tan amablemente al hotel a preguntar si tenían disponibilidad…). Aceptamos. Ok, podíamos aceptar que la primera noche (que llegamos en taxi) nos cobrará 120b debido a su convenio, ¿y las otras dos noches?. Fuimos decidiendo día por día que nos quedábamos un día más y esos días veníamos a pie. Le pedimos el libro de tarifas oficial – no tenía. Hablar con el encargado – no estaba. Así que le dijimos que no nos moveríamos de allí sin una explicación lógica. La recepcionista, al ver que éramos más testarudos que ella, decidió llamar al encargado, el cual parece ser que le dijo que se trataba de un error y que nos devolviera 40b (20b por las dos noches que llegamos a pie). Está claro que igualmente nos estaban estafando, porque a los otros chicos les cobraba el mismo precio por un baño privado, pero tiramos la toalla, era inútil seguir discutiendo con ella. Así que una recomendación: si vais a La Paz, no os quedéis en el Hostal Isla Bonita porque os cobrarán lo que les dé la gana.
Nos marchamos hacia la termina de autobuses desde donde queríamos coger el bus hacia Uyuni (cuarto intento). El precio del billete La Paz-Uyuni eran 150b/persona. Nos pareció bastante caro y nos acordamos que desde Oruro los billetes a Uyuni salían por solamente 25b, así que pedimos cuánto costaba un billete La Paz-Oruro y eran solamente 30b/persona. La Paz-Uyuni 150b/persona vs La Paz-Oruro-Uyuni 55b/persona. Estaba claro. A demás, si cogíamos el bus directo, llegábamos a Uyuni por la noche y deberíamos pagar un alojamiento allí. En cambio, desde La Paz llegábas a Uyuni hacia las 17h y podríamos coger un bus hacia las 20h hacia Uyuni, que llegaría allí hacia las 2am y sabíamos que nos dejarían dormir en el autobús hasta las 7h de la mañana. En resumen, una alternativa mucho más económica, quizás unas 3h más larga, pero el coste valía la pena.
Compramos un par de bocadillos en la estación y nos subimos al bus a las 13:30h. A las 16:30h estábamos llegando a Oruro. Dimos un paseo por los alrededores de la terminal, compramos cena para comernos en el autobús (pollo con arroz y patatas fritas – no busquéis nada más porque no lo hay) y salimos en dirección a Uyuni a las 20:30h.

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Salar de Uyuni

 

 

Llegamos a Uyuni a la 1.30 am y hablamos con el conductor para ver si podíamos dormir en el bus, nos dijo que sí y nos acomodamos pero no nos dormimos hasta las 2.30am porque estuvo una hora dando vueltas por el pueblo repartiendo paquetes.
A las 6am el conductor nos despertó y a las 6.30 ya estábamos con las mochilas cargadas buscando la estación de autobuses para pedir el bus de vuelta. El bus nos dejó en la otra punta así que tuvimos que andar unos 20 min hasta llegar a la estación.
Uyuni es un pueblo bastante feo, sin ningún atractivo más que el Salar, así que decidimos que no pasaríamos noche allí, veríamos el Salar y tomaríamos el último bus hacia Oruro. Al llegar a la estación empezaron a aparecer representantes de agencias de excursiones y nos empezaron a ofrecer tours al Salar. Recorrimos todas las agencias (teníamos tiempo) preguntando precios y oscilaban entre 120 y 200 bolivianos, todas ofreciendo el mismo recorrido y mismos horarios. Al principio íbamos a tomar una agencia de 120 bolivianos pero Gisela buscó en Tripadvisor y no vimos muy buenas opiniones así que seguimos buscando. Mientras buscábamos agencia, conocimos a una familia de 4 peruanos que también buscaba tour así que Gisela volvió a hacer gala de su don de negociación y acordó con el chico de una agencia llamada Luz Andina que nos dejaba el tour a 120bolivianos (en lugar de los 140 que pedían) si le traía 4 personas más. El chico dijo que sí y en un momento ya teníamos el grupo de 6 montado con la familia peruana. Como el tour empezaba a las 10.30h aprovechamos para desayunar.

 

A las 10.30h en punto ya estábamos en la agencia preparados para hacer el tour. La primera parada fue lo que llaman el Cementerio de trenes. Se trata de un lugar con un montón de trenes antiguos abandonados. Estuvimos unos 40 min tomando fotos allí y estuvo bastante bien. Tuvimos suerte de llegar temprano porque había muy poca gente, cuando nos íbamos estaba todo lleno de turistas y no había quien se hiciera una foto.
Después del cementerio de trenes nos dirigimos hacia un poblado llamado Colchani. En realidad es la típica parada que hacen todos los tours para comprar souvenirs, no merece mucho la pena pero sirve para ir al baño porque después de esa parada, ya no hay ninguno más. En Colchani estuvimos unos 30min y después nos dirigimos al Salar.

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Unos 15min después llegamos al Salar, que estaba todo inundado. Había casi un metro de agua y tenía tenía color marrón debido a la lluvia con tierra. Nos dio un poco de bajón al verlo. El conductor nos dijo que esa primera parte era peligrosa porque había mucha agua y muchos coches se quedaban atascados (vimos un par). El trayecto por la zona profunda duró unos 30 min hasta que el agua empezó a descender y a ser cada vez más clara y transparente. A medida que íbamos avanzando, veíamos cada vez más cerca el famoso efecto espejo que se da en el salar en época de lluvias. Era impresionante. El conductor nos llevó hasta una zona donde estábamos solos (el salar hace 21.000m cuadrados) y nos pudimos bajar para tomar fotos. Es realmente un espectáculo. El efecto espejo hace que a la tierra se confunda con el cielo creando uno de los paisajes más bonitos que hemos visto nunca, es como estar en el paraíso. Tuvimos la suerte que estaba haciendo mucho sol y la luz se reflejaba muchísimo en el agua. Es una de las imágenes más bonitas que hemos visto nunca. Un imprescindible en la vida.
Después de aproximadamente una hora haciendo fotos, el conductor nos sugirió movernos a otra zona y así lo hicimos. Llegamos a otra área donde el reflejo se veía igual i mejor que en la zona anterior. Allí el conductor nos ofreció tomar el almuerzo (incluido en el precio) en vez de comer en el hotel de sal, donde estaba planeado, ya que todo el mundo iba a comer allí y estaría lleno de gente. Tomamos el almuerzo (arroz, verduras, chuleta y un plátano) y continuamos haciendo fotos sin parar: de nuestros reflejos, de las nubes, diferentes posiciones, y las famosas fotos en perspectiva. Al ser el terreno como un espejo y no poder percibir la sensación de distancia, cuando uno se pone cerca de la cámara se le ve gigante y el otro se pone lejos y se le ve pequeñito. Las personas se pueden ver de diferentes tamaños en la misma foto, ya que no se puede apreciar la distancia en el terreno. Son fotos muy divertidas.

 

Tras un par de horas allí haciendo fotos y tras hacer la tradicional foto de Tolo en pelotas en medio del salar, nos dirigimos al hotel de sal. La verdad es que no es nada atractivo. Nosotros nos imaginábamos una construcción como la de los hoteles de hielo, que están hechos al 100% con bloques de hielo. Por el contrario, ere hotel estaba hecho con bloques de sal, pero su techo era de placas metálicas, tenía puerta y ventanas habituales, etc. Todo eso hacía que se perdiera el encanto de la construcción. Al lado del hotel, hay una zona donde la gente ha ido clavando las banderas de sus países, ¡y había una senyera!. Ahí al lado también se encuentra un monumento del logo del Dakar hecho con sal, ya que el Salar de Uyuni es uno de los puntos que cruza el Dakar en Bolivia.
Teníamos planeado ver la puesta de sol en el salar, pero por desgracia estaba completamente nublado y no se podía ver el sol, así que fuimos tirando para Uyuni.
Os recomendamos llevar protección solar muy alta si visitáis el salar, así como gafas de sol. Hay que pensar que cuando hay efecto espejo por el agua, los rayos de sol te llegan tanto por el cielo como por el suelo y es muy fácil quemarse. También, si váis en época de agua, llevaros unas chanclas y pantalón corto ya que os vais a llenar de sal. También podéis ir descalzos pero el terreno duele un poco.

Llegamos a la agencia hacia las 19:30h y nuestro bus no salía hasta las 22h (es el último bus hacia Oruro – Buses San Miguel – 25b/persona). Teníamos las piernas y los pies petrificados de sal y las chanclas nos rascaban por la sal. El conductor del tour nos dijo que había hostales que ofrecían el servicio de ducha por unos 10-15b/persona así que podíamos aprovechar para tomar una ducha caliente y quitarnos la sal antes de irnos. Justo en frente de la agencia hay un hostal que ofrece duchas a 15b, así que las tomamos allí, limpiamos todos los accesorios de la cámara y salimos limpios y calentitos. Dejamos las mochilas en la agencia de autobuses y nos fuimos a cenar.
Como nos habíamos ahorrado bastante dinero en el trayecto a Uyuni y en el tour, decidimos darnos un capricho y comernos una pizza y tomarnos una cerveza. Veréis que, tanto en Uyuni como en todas las ciudades turísticas, hay muchas pizzerías. Sin embargo, en los lugares menos turísticos es imposible encontrar una. Parece ser que los turistas, después de varios días a base de arroz y pollo, buscan desesperadamente una pizza.

El bus salió puntualmente a las 22h y nos quedamos dormidos en seguida. Llegamos a Oruro hacia las 2:30 de la madrugada y ya había buses saliendo hacia La Paz, desde donde cogeríamos el bus a Copacabana. Aprovechamos para ir al baño en la estación antes de coger el siguiente bus.
Abro kit kat: en Bolivia, como en Chile, hay baños públicos y privados por todos lados. En todos hay que pagar (1b en Bolivia y 1 peso en Chile). En Chile, pagar ese peso te asegura papel de wc y que el baño esté siempre limpio, ya que tienen una persona limpiando permanentemente. En Bolivia, solamente te asegura el papel del wc.

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Copacabana y Lago Titicaca

 

 

Llegamos a La Paz hacia las 7:30h y compramos el billete a Copacabana – 25b/persona – para las 8:30h. Desayunamos en la estación.

Abro kit kat: llevamos con nosotros una “bolsa de comida”. En ella llevamos 2 tazas, 2 tenedores, 2 cucharillas, un plato de plástico y comida llevable. Con eso quiero decir leche en polvo, un bote de cacao y café soluble, avena, y alguna comida para cocinar en hostales (pasta, latas de atún, mermelada…). Esta bolsa te salva muchísimas veces y te hace ahorrar mucho dinero. También compramos unos tuppers herméticos de plástico, súper útiles para poder guardar cosas abiertas (paquetes de leche, avena…), cosas que nos duran varios días (queso, pan,…) o cuando preparamos comí para llevar en algún hostel.

Desde la estación de La Paz, cogimos el bus a las 8:30h, en un supuesto trayecto de 3h (mentira, tardamos 5h). Hay un punto en el que llegas al borde del lago Titicaca y hay que bajarse del autobús para coger una lancha y cruzar un trozo del lago, el bus hace lo mismo en otra lancha. Allí tienes unos 30 min de espera hasta que el bus llega a tierra y puedes aprovechar para comer. Te vuelves a subir al bus en el otro lado del lago y unos 30 min más tarde llegas a Copacabana.
Habíamos reservado un hostal con anticipación por hostelworld.com, así que nos dirigimos directamente allí. El Hostal Florencia está situado a 3 min a pie de la plaza principal y a 5 del mercado. Copacabana es pequeño así que todos los hostales quedan cerca del centro. El hostal nos costó 130b/noche en habitación privada con baño compartido. Tengo que decir que es el mejor hostal que hemos estado en Bolivia. Todo está súper limpio, tiene un par de terrazas y un patio para poder pasar el rato al sol, un par de salas comunes y sirven un desayuno muy rico: pan con mermelada y mantequilla, café, té o cacao, huevos revueltos y plátanos.

 

Internet funciona perfectamente ya que tiene tres redes, una por planta. En la habitación puedes encontrar toallas limpias para poder usar – raro en un hostal – y un rollo de papel de wc. El único punto negativo es que no tiene cocina, pero es algo bastante común en Bolivia. Y lo mejor de este hostal es su propietaria, Mery, una mujer simpática, súper amable y divertida, dispuesta a ayudarte en lo que necesites. Seu hijo, que trobada con ella en el hostal, es igual de amable que ella, el hostal es un poco más caro que la media en Copacabana – otros viajeros nos informaron de precios más bajos en el pueblo – pero la verdad es que merece la pena.
Esa misma tarde salimos a buscar un tour para el día siguiente las Islas del Sol y de la Luna. El precio más común para la excursión de un día es 30b, negociando te lo dejan a 25b. Nosotros lo compramos con Intikala y no tenemos ninguna queja.
Para cenar, compramos unos tomates y un aguacate en el mercado y un mango de postre, la fruta en este país tiene un sabor brutal. También compramos queso, un chorizo y cacahuetes para la excursión del día siguiente – el pan lo compraríamos por la mañana -, ya que nos habían comentado que te dejan muy poco tiempo para visitar las islas y si te tienes que parar a comer en un restaurante, no te da tiempo de nada. A parte, los precios en las islas son más caros.

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A la mañana siguiente tomamos el desayuno en el hostal. La vena delincuente de Maó de Tolo, le hizo coger 2 panes y 2 plátanos extra en el desayuno para la hora de comer, ahorrándonos así tener que comprarlos. Según él, técnicamente podía hacerlo, ya que el desayuno era bufete y la cantidad que comes no está limitada. Técnicamente tiene razón.
Así que nos fuimos con nuestra comida en la mochila hacia el puerto, donde todos los turistas hacían fila delante de la lancha de su compañía de tours. Nuestra lancha salió puntual a las 8:30h. La verdad es que el trayecto en barca se hizo muy largo (en la agencia te dicen 1:00h de navegación, mentira otra vez, fueron 2h). Primera haces una parada en la Isla del Sol y se bajan solamente los pasajeros que que solamente tiene billete de ida, es decir, que se quedaran a dormir en la isla del sol y no visitarán la Isla de la Luna. Después, sigues navegando 1 hora más hasta llegar a la Isla de la Luna. Allí solamente te dejan una hora para poder visitar. Estamos de acuerdo que la isla es pequeña, pero creemos que necesitas al menos un par de horas para poder verlo todo con tranquilidad. En la Isla de la Luna hay unas ruinas y se puede subir a un mirador (con muuuucha subida). Es lo único que nos dio tiempo a hacer, nos hubiera gustado poder dar la vuelta a la isla a pie, pero no te dan suficiente tiempo. La entrada a la Isla de la Luna son 10b/persona.
Nos volvemos a subir al barco y navegamos de regreso a la Isla del Sol, done la entrada son 10b más. Allí te dejan 2 horas para recorrerla, igual no es suficiente. Actualmente han un conflicto entre la comunidad que habita la zona norte de la isla y la que habita la zona sur y no se puede acceder a la zona norte. Así que en la Isla del Sol puedes ver las escaleras y la fuente del Inca y subir al mirador (vale la pena, aunque cueste 45min de subida). Las ruinas están en la parte norte, así que no las pudimos ver. Hicimos bien en traernos comida ya que el bocadillo supo a gloria después de la subida al mirador. Miramos algunos precios de restaurantes y eran bastante más caros que en Copacabana.

 

A Tolo le entró un bajón cuando abrió su chorizo, le intentó pegar un bocado y casi se rompe una muela. Estaba más duro que una piedra, imposible de cortar. No podemos entender cómo se lo comen.
Fuimos bajando poco a poco ya se hizo la hora de volver al barco. Al lado del mirador hay un camping con vistas increíbles, así que preservar una buena opción quedarse a dormir en la isla para tener más tiempo para disfrutarla y volverse a la mañana siguiente. En el viaje de vuelta en bote aprovechamos para pegarnos una siesta.
Al llegar de nuevo a Copacabana hicimos una parada en la compañia de buses que nos llevaría al día siguiente hasta Puno, nuestro primer destino en Perú, también al borde del lago Titicaca. El billete nos costó 30b/persona con Titicaca Expirience. Después paramos en un restaurante Indio-japonés-tailandés llamado Thai Palace. Por su puesto no íbamos a cenar a un restaurante con ese mix de comidas, pero vimos un cartel fuera que decía “Mango Lassi to take away” y como adicta al mango, no me pude resistir a entrar. Cuesta 15b y, tras mi análisis de sabor, diría que es un batido de mango con yogurt y canela. Estaba buenísimo. Decidimos ir al mercado a comprar buñuelos (recomendación de Mery) para acompañar el batido. Los buñuelos valen 6b/docena (puedes pedir media) y aunque cuando los veas pienses “oh no, vaya fritanga” le sorprenderán lo ligeros y buenos que están. Tolo aprovechó también para tomarse un café con leche por 4b.
Hicimos nuestra compra para la cena y para el bocadillo (misma técnica en el desayuno) para el dia siguiente y nos fuimos al hostal, ya que Tolo estaba un poco resfriado y no se encontraba muy bien.

A la mañana siguiente teníamos planeado ir al Cerro Calvario, pero Tolo seguía sin encontrarse bien así que decidimos que era mejor quedarse. Dicen que hay unas vistas impresionantes así que si podéis, no dejéis de ir.
Aprovechamos para tomar una ducha caliente antes de irnos y para subir las fotos con buen wifi. A las 11h hicimos check out y nos fuimos a la agencia de autobuses a dejar las mochilas, nuestro bus salía a las 13:30h. Nos quedaba algo de dinero boliviano y decidimos gastárnoslo en otro delicioso Mango Lassi y unas galletas. Nos fuimos felices a dar un paseo.
El bus salió muy puntual a las 13:30h y nos sorprendió lo moderno, limpio y bien cuidado que estaba el autobús en comparación con todos los que habíamos cogido en Bolivia. El trayecto hasta la frontera de Bolivia con Perú fue de tan solo 20 min. Bajamos del autobús y entregamos nuestro papelito de salida en la frontera boliviana donde nos pusieron el sello. De ahí, hay que cruzar andando (menos de 5 minutos) hasta la aduana de Perú, para que te pongan el sello de entrada. Allí hay que esperar unos 15min a que todos los pasajeros del bus terminen su tramite y volvemos a subir. Estuvimos unas dos horas más hasta llegar a Puno, donde llegamos – por primera vez – puntuales.

Bolivia

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